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EL RINCÓN

Esperando a La Señora

El poeta argentino Juan Gelman aguarda cada noche en su casa de México la visita de la inspiración

A sus 80 años, el poeta argentino aún conserva intactos el porte distinguido, una hermosa voz abrazada a un hermoso acento y una sonrisa en la que se apoya como si fuera un bastón. Cada noche, cuando la casa se queda por fin en silencio, Juan Gelman se sienta en su estudio, enciende un cigarrillo tras otro y espera, entre el desorden de sus papeles y una fotografía de su nieta Macarena, a que aparezca La Señora. Pero no siempre llega. "Y, cuando no lo hace, no hay forma de convocarla, ni metiendo los pies en una palangana con agua, como dicen que hacía Beethoven para componer". Bien es verdad que, de un tiempo a esta parte, la siempre caprichosa inspiración acude con puntualidad de amante a su cita nocturna con el poeta. La Señora y Gelman se sientan entonces juntos, frente a la computadora, y surge la poesía. "Siempre se escribe por una obsesión. Yo siento una especie de ruido en la oreja, me pongo de mal humor, trato de retenerme lo más posible para que no sea una falsa alarma, no se vaya a tratar de una otitis", dice con chanza, "y solo cuando ya no puedo resistir más empiezo a escribir, sin método alguno. Aunque necesito la noche, eso sí". Otros poetas sienten una verdadera obsesión por corregir sus poemas en busca de la perfección. Juan Gelman prefiere dejarlos tal como los escribió. "Siento que la corrección es una especie de negación del momento. Del momento feliz de la inspiración".

En un rincón del estudio, entre los libros, hay dos fotografías pequeñas de su nieta Macarena. En una tiene tres meses. En la otra, cuatro años. El golpe militar de 1976 sorprendió a Gelman fuera de Argentina, pero no por ello pudo escapar al horror. Entre los 30.000 desaparecidos de aquella dictadura sangrienta estaban su hijo y su nuera. Ella estaba embarazada, y la mantuvieron con vida hasta que dio a luz a una niña que luego dejaron en la puerta de un policía uruguayo. Gelman encontró a su nieta hace diez años, cuando la muchacha había cumplido 23. El poeta ya vivía en México, en este departamento amplio y luminoso al que bautizó con el nombre de Juan Rulfo. "Porque gracias al Premio Juan Rulfo pude pagarla...". Gelman, que recibió el Premio Cervantes en 2007, nunca renunció a su viejo oficio de periodista y sigue mandando artículos a los diarios en los que deja constancia de su preocupación por "este estado de guerra continuo". Sus 80 años no le impiden seguir luchando para que horrores como el que marcó su vida no vuelvan a repetirse. Y al anochecer, un cigarro tras otro, el poeta se sienta a esperar la visita de La Señora. "La que escribe es ella. Uno se deja...".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de septiembre de 2010