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La xenofobia en Europa | Elecciones en Suecia

El rechazo a la inmigración impulsa a la ultraderecha en Suecia

Los radicales entrarán por primera vez en el Parlamento, según los sondeos

En los mapas aparece como Södertälje, pero muchos la llaman Mesopotalje. Aquí los rubios ya casi son minoría, se pueden vislumbrar seductoras alfombras orientales colgando de los balcones en una mañana sin lluvia y se puede vivir sin hablar sueco. El 43% de los 85.000 habitantes de esta ciudad industrial situada a unos 30 kilómetros de Estocolmo es extranjero. En su mayoría, emigrantes de países mesopotámicos. Lugares como Mesopotalje son el gran casus belli de la ascendente derecha xenófoba de los Demócratas Suecos, que por primera vez parecen tener consenso suficiente para entrar en el Parlamento de la nación escandinava.

La ciudad es uno de los epicentros de la comunidad iraquí, que con 120.000 inmigrantes es ya la segunda más numerosa en Suecia tras la finlandesa. Miriam es una de ellos. Cristiana caldea de 41 años, huyó de Bagdad en 2007. Tres años después, Miriam sigue en Suecia. Pero de ilegal. Su petición de asilo fue rechazada. "Soy mujer, cristiana y soltera. No puedo volver a Bagdad. No puedo", dice. Asustada por las repetidas deportaciones de iraquíes organizadas por el Gobierno conservador -en 2009, unas 500 personas-, vive escondiéndose aquí y allá en casa de amigos.

120.000 iraquíes viven en el país, la segunda comunidad de extranjeros

Los iraquíes, como en otras décadas sudamericanos y balcánicos, llegaron atraídos por la larga tradición de acogida y tolerancia de la sociedad sueca. Pero la ola xenófoba que recorre Europa parece haber llegado también a estas costas. Un 14% de los 9,4 millones de habitantes de Suecia ha nacido en el extranjero. Otro 6% ha nacido en Suecia, pero sus padres son extranjeros.

Lugares como Södertälje ponen en evidencia las dificultades de integración. Para muchos suecos la situación es insostenible, a juzgar por los sondeos que atribuyen a la derecha antiinmigración entre un 6% y un 7% de los votos en las elecciones que se celebrarán mañana. El umbral para acceder al Parlamento es el 4%.

A Miriam, el sueño sueco se le ha convertido en pesadilla: sin asilo, con el avance de los xenófobos y las deportaciones de los conservadores. Pero los inmigrantes siguen llegando más que nunca, unos 100.000 al año, algo más del 1% de la población.

Los analistas consideran que, a pesar de tener un sistema de asilo y acogida muy avanzado, Suecia ha fracasado en el intento de integrar a las últimas oleadas de inmigrantes. La transición de una economía de manufactura a otra basada en los servicios ha reducido la posibilidad de emplear mano de obra poco cualificada. Un sistema de asistencia social muy generoso desincentivó la integración en el mercado laboral. La crisis, de la que ahora Suecia está saliendo a buen ritmo, ha agitado los ánimos. En este caldo han crecido los Demócratas Suecos, liderados por el treintañero Jimmie Åkesson.

Su ascenso tendrá consecuencias. Por un lado, su ingreso en el Parlamento podría dejar sin mayoría absoluta a los dos bloques principales. Por el otro, parece estar forzando un endurecimiento del tono en el bloque conservador. Así lo cree Nuri Kino, escritor, cineasta y reconocido periodista de investigación que estudia el mundo de los inmigrantes. "Una de las razones es que temen perder votos en favor de la ultraderecha. El ministro de Inmigración repite como una letanía la palabra ilegal junto a la de migrante, y hay gente que empieza a asociar el todo con criminales", dice Kino, que nació en Turquía y vivió durante años en Södertälje.

"No es que estemos en contra de los extranjeros, pero hay demasiados inmigrantes en Suecia. El nuestro es el único partido que habla de este problema", dice Eric Myrin, de 23 años, militante de los Demócratas Suecos. Poco más allá, en una concentración en Estocolmo que reúne a unos 50 simpatizantes, Karl Samson, geólogo de 61, cree que la cultura sueca está amenazada: "Son demasiados y nos exigen cosas".

La mayoría de los ciudadanos mira con disgusto el ascenso de los Demócratas Suecos y los bloques principales excluyen gobernar con el partido de Åkesson. Pero está por ver qué influencia tendrá en el bando conservador, probable ganador, en el futuro. Dan Eliasson, director de la Agencia Estatal de Inmigración, considera que en políticas de asilo el Gobierno conservador no cambió nada en la anterior legislatura. "Pero", aclara, "en términos de reunificación de familias, el Ejecutivo ha introducido una nueva exigencia, que requiere la capacidad de mantenerse por sí mismos antes de poder reunirse".

Hans ten Feld, representante en Suecia del Comisionado de la ONU para los Refugiados, reconoce que la Administración sueca sigue manteniendo estándares muy elevados, pero incide en que la política de deportaciones a Irak está conllevando errores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de septiembre de 2010