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CARTAS AL DIRECTOR

El orden de los factores...

"No me gustan los que me dicen lo que yo me digo, y me aficiono a los que de vez en cuando me contradicen", le escribía en una carta Unamuno a Cajal. Por eso precisamente, agradeciendo los apoyos recibidos a mi divertimento veraniego Clases a la boloñesa, me interesan mucho más las críticas argumentadas. Incluso aunque en algunas sea difícil entender la relación entre lo que uno escribió y lo que otros creen haber leído.

Es cierto: cuesta mucho trabajo preparar una buena clase magistral. También lo cuesta preparar cada capítulo de un buen libro sobre la materia. Lo que se trataba de discutir es el orden idóneo para la escucha, el diálogo y la lectura. Yo pienso que el resultado es mejor si los alumnos leen primero un texto -y tienen después la posibilidad de deliberar en clase sobre lo leído- que si lo primero que hacen es escuchar el tema y lo segundo estudiar los apuntes que han tomado (a la bibliografía recomendada, todos sabemos el caso que le hacen). Esta tesis se puede desarrollar y matizar, desde luego, pues no es lo mismo un curso de filosofía o literatura (en el que lo ideal es leer a los clásicos) que uno de bacteriología (en que se puede recurrir a un buen manual reciente o puede el profesor escribirlo él mismo si piensa que nadie en el mundo lo haría igual de bien). Pero la idea general (discutible, como se ha visto) es que lo transmitido por escrito (y analizado después en clase) se asimila mejor que lo transmitido de viva voz. Regla que tiene múltiples excepciones: hay cursos en algunas cátedras del Collége de France que duran 12 horas anuales, en las que se expone el trabajo, aún no publicado, que el profesor está acabando de elaborar. No se le ocurre repetir lo que ya ha publicado el año anterior. A clases magistrales como esas me apunto yo como alumno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de septiembre de 2010