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Reportaje:67ª Mostra de Venecia

Al margen de la ley de Hollywood

El director de culto Monte Hellman concursa en Venecia con 'Road to nowhere'

Se sienta en la esquina más alejada de la entrada y mirando a la puerta, como esos forajidos que tomaban precauciones en los salones del lejano oeste, quizás temeroso de que puedan dispararle por la espalda. Y es que Monte Hellman (1932, Nueva York) lleva demasiados años sobreviviendo al margen de Hollywood, y -ya se sabe- a Hollywood no le gustan los rebeldes, y los longevos aún menos.

Hellman, que no lleva pistola aunque tampoco la necesita, tiene muchas aficiones; una de ellas es mesarse el pelo. Con cada nueva pasada este se encrespa más y más hasta darle el aspecto de un científico chiflado, y por rebuscada que parezca la comparación, algo de eso hay en este señor de la Gran Manzana.

¿Cómo fue trabajar con Tarantino? "Lo mejor es apartarse de su camino"

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Director, actor, productor, montador y guionista de culto, el neoyorquino se encuentra en Venecia presentando a concurso su último trabajo, Road to nowhere, una especie de proyecto imposible sobre el cine dentro del cine y el rodaje de un rodaje, por decirlo de una forma poco enmarañada. Para empezar, el realizador tiene muy claro qué esperar de su filme: "Esta noche he dormido solo tres horas. Así que mientras proyectaban la película para la prensa he decidido echarme una siesta. He soñado que al acabar la proyección la masa se enfurecía, arrancaban los asientos y quemaban el cine... Esas son mis expectativas [Risas]".

Hellman es de respuesta corta y pausa larga, no le gustan las prisas y es escéptico por vocación. Confiesa su amor por El espíritu de la colmena (que aparece en la película) cuando el periodista se presenta y se le hinchan los labios como a un trompetista cada vez que se menciona la palabra "Hollywood". "No me interesa nada, no me motiva y simplemente me vuelvo muy vago cuando se habla de eso. El problema es que los grandes estudios están gobernados por juntas y no por personas individuales y cada decisión es un infierno en sí misma". Lo dice el hombre que en 1992 produjo Reservoir dogs y fue el descubridor -por así decirlo- de Quentin Tarantino junto a Lawrence Bender, otra leyenda de la gran pantalla: "La historia de Reservoir dogs la tengo clavada en la cabeza. Un amigo de Lawrence me envió un guión magnífico y me gustó tanto que decidí que aquella sería mi próxima película. Sin embargo un día me llamó el escritor, un tal Quentin Tarantino, y me pidió que me reuniera con él. Accedí y cuando llegué me dijo que tenía 39.000 euros en el bolsillo, un adelanto de un guión que había acabado de vender, Amor a quemarropa. Me dijo que con ese dinero iba a dirigir Reservoir dogs y que me pedía disculpas por las molestias. Cuando me levantaba para irme me soltó que si podía producírsela, le respondí: 'De acuerdo' y eso fue todo. ¿Que cómo fue la experiencia? Cuando trabajas con un tipo como Tarantino, escribe bien esto que voy a decir, lo mejor es seguir a rajatabla este consejo: 'Apártate de su camino'. Si haces eso todo irá bien [sonríe]".

Hellman ha trabajado a lo largo de su carrera con cineastas de la talla de Francis Ford Coppola o Roger Corman (cada uno en su liga, obvia decirlo) y actores como Harry Dean Stanton, Jack Nicholson, Bruce Dern o Alan Ladd, y solo tiene un reproche para sí mismo cuando se trata del pasado: "Renuncié a Ciudad dorada, que finalmente acabó rodando John Huston, porque mi agente no quería que para dirigirla tuviera que cobrar la mitad de lo que era mi salario en aquella época. Fue un grave error y sigo pensando en ello". Cuando a continuación se le pregunta por qué después de 60 años de carrera sigue con ganas de filmar, apoya la espalda contra la pared, mira a los ojos de su interlocutor y abre la boca para soltar cuatro palabrejas que quedarían de cine en una lápida: "Aún no he acabado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de septiembre de 2010