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Entrevista:GUILLERMO ARRIAGA | Director y guionista | 67ª Mostra de Venecia

"Creo que mis películas son compulsivamente optimistas"

Guillermo Arriaga (1958, México) entró en el mundo del cine como un vendaval. La película la firmaba Alejandro González Iñárritu y se llamaba Amores perros, pero pocos pasaron por alto el nombre de aquel guionista capaz de cruzar con tal empeño los convencionalismos. Unos cuantos años después y ya sin socio fijo Arriaga vuela en solitario, escribe y dirige, y sigue siendo la misma fuerza de la naturaleza, empeñado en cavar en el alma de sus personajes hasta la extenuación.

En la Mostra tenemos mexicano por partida doble: director de El pozo, un corto de encargo en conmemoración del 200º aniversario de la independencia de su país, que se pasa en el certamen veneciano y, de postre, jurado de la sección oficial.

"El arte no da respuestas, pero sí provoca reflexiones"

Pregunta. ¿Qué tal está siendo lo de ser jurado?

Respuesta. Magnífico, una experiencia maravillosa para la que se necesita mucha disciplina.

P. ¿Ya han empezado a pelearse entre ustedes?

R. No, por el momento nos hemos puesto de acuerdo en todo, incluyendo el hecho de no decir nada a la prensa sobre este asunto en concreto.

P. Hablemos de El pozo: ¿cómo se ha tomado este encargo? ¿Cómo un trabajo más?

R. Yo no considero nada de lo que hago como un trabajo más. Todo trabajo que hacemos, y no hablo solo en mi nombre sino en el de todo mi equipo, significa poner corazón, tiempo, pasión y visión crítica, así que nada de lo que hago es un trabajo más. Si realmente fuera así sería lo que en México llamamos un huesero, un chambero, alguien que hace lo que hace por dinero y yo no estoy en esto por dinero.

P. ¿Sintió mayor responsabilidad de lo acostumbrado?

R. Por supuesto, había alguien que había puesto dinero y tiempo para llevar el proyecto a cabo y además pude tomarme la libertad para hablar de lo que yo quería. De algún modo podríamos decir que fue un pretexto para la reflexión, una excusa para formular preguntas. El arte no da respuestas, pero lo que sí puede hacer es provocar reflexiones y ayudar a que tú mismo generes esas respuestas.

P. ¿Sintió usted en algún momento la soledad del guionista después de que se rompiera la dupla que formaba con González Iñárritu?

R. No, en absoluto. Tengo otras películas con otra gente, y lo cierto es que nunca forme parte de ninguna dupla, grupo o nada parecido. Fue una relación que se mantuvo durante un número determinado de películas, pero que no me limitaba a nada. Ahí quedan mis otros trabajos como los Tres entierros de Melquiades Estrada o Lejos de tierra quemada...

P. ¿De dónde surgen sus películas? ¿Dónde empiezan?

R. Surgen de una experiencia de vida, de algo muy personal. Ya las haya escrito o dirigido parten de un momento muy específico de mi vida.

P. ¿Qué recuerda de su primera obra?

R. La escribí cuando tenía 15 años, una obra de teatro sobre un tipo que van a fusilar.

P. Muy optimista...

R. (Risas) Sí, era muy optimista.

P. ¿No le tienta escribir una comedia? Parece que está usted siempre buceando en el lado oscuro de la vida.

R. ¿Lado oscuro? ¿Qué quiere decir?

[Hace una pausa dramática y empieza a carcajearse]. A mí me encanta la comedia, mi libro Escuadrón guillotina es una comedia o mi corto Rogelio, que dirigí hace 12 años, eso también era una comedia. Pero la vida tiene claroscuros y me gusta escribir sobre ello.

P. ¿Qué está pasando en su país? Las noticias que llegan son difíciles de digerir.

R. Tantos años de impunidad, de corrupción, de injusticia en el reparto de ingresos, incluso nuestro proceso democrático está pasando su cuota de sangre. Lo que sí creo es que este brote de violencia va a conmover de tal manera a la sociedad mexicana que va a tener que hacer un cambio y creo que va a ser para bien. Soy un optimista compulsivo, creo que las películas que he escrito son compulsivamente optimistas, pero sí creo que tiene que haber una reflexión. Incluso los que están ejecutando la violencia se están dando cuenta de que no les conviene, que la propia violencia termina condenándote, te lleva a un lugar, a un ostracismo, de donde no puedes salir. Creo que hasta los propios capos del narcotráfico están a punto de descubrir que su violencia les va a revertir tarde o temprano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de septiembre de 2010