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Análisis:

Emmy

Dos datos de los últimos Emmy. Según cuenta la prensa estadounidense, este año la retransmisión se hacía sin los siete segundos de retraso que habitualmente se aplican para dar tiempo al realizador a cortar la imagen si durante la ceremonia se da alguna conducta impropia para la moral del prime time. Motivo: Twitter. El público que narra la ceremonia desde su cuenta es un auténtico spoiler (que revelan el final) y la emisora no podía ir detrás de ellos con un falso directo. No solo eso, la propia NBC se apuntó a abrir su retransmisión a la participación de los twitteros. Internet tiene influencias capilares y altera conductas muy asentadas.

Disgusto de los fans de Lost (Perdidos) por su olvido en el palmarés. Los partidarios de la serie y de las teorías conspirativas siempre podrán pensar que los agentes del negocio televisivo no quieren perder el tiempo dando minutos de halago televisivo a un producto que ha terminado su carrera comercial y que incluso ha subastado la utilería. Otros podrán pensar sin tanta malicia que la decepción por este menguante ingenio justifica plenamente su castigo en el palmarés.

Si las televisiones se atreven a combatir la banalidad y los argumentos acomodaticios, es lógico que la Academia que las representa no las desautorice.

Premió a un Al Pacino por su miniserie sobre la eutanasia y el doctor Jack Kevorkian. Un Al Pacino que dio las gracias a Jack. Pero, sobre todo, premió a Mad men, Familia moderna y Breaking bad, tres ejemplos de las muchas cosas y de las muchas maneras en que todavía se pueden contar.

Desde el rescate de unos años sesenta a los que muchos han regresado con nostalgia babosa, al relato espléndido y poco edificante del viaje moral de un profesor canceroso y traficante a quien la virtud no lo ha premiado.

Como ha escrito Espoiler (en elpais.com), han ganado los buenos. En eso seguimos como siempre, lo que pasa es que estos buenos no son los angelitos de antaño. Véase Dexter, donde el protagonista es un policía asesino sanguinario y que sitúa el deseo del espectador de seguir las andanzas del héroe en una posición poco habitual.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de septiembre de 2010