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Análisis:EL ACENTO

Calamaro contra Twitter

El músico Andrés Calamaro ha cerrado su cuenta de Twitter. Lo ha hecho con la solemnidad que se otorga a los grandes acontecimientos, redactando en su blog un largo texto (¿poético?) en el que desata su furia insultando a quienes se sirven de esta nueva herramienta de comunicación. Veamos algunos ejemplos con el estilo de la proclama: no hay mayúsculas, y cada línea del texto es como un verso más del hombre dolido que expresa sus pesares. "que perdida de tiempo escribir para hijos de homero simpson (...) participar en un coro de subnormales generadores de concepto Light (...) pero... que hago metido en el medio de la república de los culoblandos (...) que lastimado estaría mi pudor/ si resulto ser la cara amable del termo twitter/ 140 caracteres/ pueden metérselos profundo en el medio del ojete/ me importa tres pepinos/ perder un segundo más en el rebaño de boludos con blackberry". Luego viene un rotundo "fuck you!!!".

¡Qué le habrán dicho en esos mensajes! Y, sobre todo, ¿qué idea tendría Calamaro de Twitter para haber quedado tan dolido? ¿Pensó, acaso, que lanzando esos minúsculos torpedos iba a arreglar el mundo en vez de imaginarse que su cuenta se llenaría de puro ruido, banal e innecesario? ¿Esperaba establecer conversaciones sobre el destino trágico de la condición humana? ¿Formalizar grandes amistades, encontrar novia, acceder a intensos encuentros eróticos?

O vender más discos, ser idolatrado con pocas palabras, obtener inspiración para nuevas canciones? De los que se apuntaron a su cuenta dice que "el coro de pichaflojas llego a cien mil" y solo salva a un honroso 2%. Todo lo demás: basura posmoderna, niñatos vacíos, falta de sustancia.

La irrupción de formas diferentes de comunicación asociadas a las nuevas tecnologías ha generado múltiples debates sobre lo corto y lo largo, lo viejo y lo nuevo, lo eficaz y lo ineficaz, sobre los listos y los bobos. Seguro que Twitter funciona en situaciones donde hay que dar información urgente sobre asuntos puntuales, pero es seguro que en 140 caracteres no se puede analizar ningún asunto importante. Y, por lo que se ve, tampoco vale para un trato de altura, que debe ser el que exige Calamaro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de agosto de 2010