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Reportaje:

Crisis contra Crisis

Cierra tras 23 años de actividad una de las librerías de cómic más veteranas

Quizás no lo sepa. Pero en el número 28 de la calle de la Luna, en pleno centro de Madrid, hace más de 20 años que Superman y Mafalda comparten domicilio. Con ellos está Batman, que se pasa los días junto a HellBoy, King-Kong y algún que otro caballero del zodiaco a la espera de que cualquier fan se los lleve para casa. "Aunque muchos solo vienen a mirar", se lamenta Emilia de Tena, una de las dueñas de Crisis Comics, la tienda donde cohabitan estos legendarios del papel. La mala nueva es que a este ilustre vecindario le queda muy poco tiempo de vida. La librería cierra sus puertas, que abrieron un día de 1987. Y los amantes del cómic pierden una de sus míticas referencias en la capital.

"Muchos te dan el pésame y se te pone la piel de gallina", dice la propietaria

"Empezamos en el Rastro", recuerda De Tena, utilizando el plural para referirse a su aún socio (pero ya ex marido), Miguel Rodríguez. Más tarde se asociaron con unos amigos para abrir un local. Y para 1987, boda y tienda propia. Nacía Crisis Cómics. La cuarta librería especializada en el sector de la ciudad. Lo de los tebeos daba de sí en el matrimonio, "pero esto ya no es lo que era", reconoce De Tena. Una macabra broma del destino ha hecho que la crisis, la que se escribe con minúscula, acabe con Crisis, la de la ce grande, "que en chino significa oportunidad", según la tendera. "Pero han hecho falta dos de esas crisis para acabar con la nuestra, la económica y la matrimonial", confiesa.

La librera se enorgullece de haber sido "especialistas en encontrar al cliente ese número de la colección que le falta". En 23 años ha visto pasar a miles de clientes buscando material: números atrasados, libros de diseño, cine, cómics extranjeros, juegos de rol, réplicas de personajes televisivos, CD japoneses, pósters, camisetas... "No falta de nada", asegura Pablo Vilanova, un habitual que desde siempre ha comprado ahí sus cómics favoritos, los de Marvel, y que hoy se ha llevado el disgusto de conocer el cierre de su tienda de cabecera. "Compro unos 20 tebeos al mes", dice Vilanova. "Vengo desde Manzanares el Real solo para esto. Tengo todos los de Thor, los de los Cuatro Fantásticos, X-Men, los Vengadores... En inglés y en español", presume. "Me acuerdo de la primera vez que vine con mi hija de la mano. Y ahora que tiene 17 años, lo hace con sus amigas freakies", cuenta. Y con la expresión de quien se pregunta en qué habrá fallado, confiesa lo que dice ser su única tristeza: "A ella no le gusta Marvel".

Por este establecimiento, donde hay más de 50.000 ejemplares de tebeos, también se han paseado clientes disfrazados de sus personajes favoritos. Al más puro estilo americano. "Recuerdo uno que nos pidió una ilustración de King Kong con la chica en la mano, y después de dos horas buscándola me dice que la quiere con la chica en la otra mano, que no se la lleva", cuenta la librera aún con cierto resquemor.

De Tena utiliza de vez en cuando el término freakie para referirse a algunos de sus parroquianos, pero, que quede claro, eliminándole cualquier atisbo de carga negativa. "Y los que ven todo el día el fútbol, ¿no son esos igual de freakies?", defiende. Entre su clientela tiene hasta famosos: Santiago Segura, Guillermo del Toro, Gabino Diego, Álex de la Iglesia... Nunca olvidará De Tena aquel día, a principios de los años noventa, cuando unos tipos vestidos con traje se metieron en el local y empezaron a escudriñar por todos los rincones sin decir palabra. "Me quedé alucinada", rememora, "después salieron a la calle y volvieron a entrar acompañados de Alfonso Guerra y su hijo", relata. "Se llevaron manga. Un boom por aquella época".

Pero aquellos tiempos de bonanza se fueron consumiendo poco a poco. Los héroes de la librería se enfrentaban a un enemigo mucho más letal que cualquiera de los que aparecen en sus últimas páginas: la ley de la oferta y la demanda. La dueña cuenta que la competencia ahora es brutal: "Hay muchas más tiendas. Todas cercanas, de forma que se llegó a crear por aquí la ruta del cómic". Tampoco aprueba que haya distribuidores que consigan todo lo que antes eran los únicos en conseguir. "Y están Internet y los cómics digitales...", añade.

Y, encima, "por honrados" pierden otros beneficios. "Por cumplir la ley y no rebajar nuestros precios más de un 5%, cuando otros los rebajan hasta un 10. Y por si fuera poco, está la Fnac, que al rebajar todos sus productos atrae más público, cosa que las pequeñas tiendas no podemos hacer".

El próximo viernes comenzará en Crisis la liquidación total. Quieren deshacerse de todo. Y después, adiós. Tras 23 años al servicio del cómic, Emilia y Miguel abandonan la mítica tienda. "Muchos te dan el pésame, y eso te pone la piel de gallina", dice ella. Cuando vendan, esta curranta piensa pegarse un año sabático para luego iniciar una nueva aventura. No piensa dedicarse a lo mismo. "Viene bien desconectar de este mundo", opina. Lo difícil a estas alturas es hacerle olvidar que X-Men es el cómic más vendido. O que a Superman se lo cargaba la kryptonita. Totalmente imposible que deje de recordar lo poco que le gustaba la sopa a Mafalda, su personaje favorito. "Ya ves. Esas cosas las sabré para siempre", reconoce mientras pone la mano en el mostrador de su viejo local. "Es que esta no era solo una forma de ganarnos la vida. Crisis era algo más".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de agosto de 2010