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Reportaje:MUSEO HABITADO | verano

El arte de vivir en Genalguacil

El pueblo de la Serranía de Ronda atesora más de 200 obras en sus calles

A Fernando Centeno, alcalde de Genalguacil durante los años 90, le traía de cabeza que cada vez que visitaba Málaga para tramitar cualquier cosa relacionada con su pueblo los funcionarios siempre le miraran extrañados al escuchar el nombre del municipio. "¿Genal qué?". Qué impotencia. Pero de aquello nació su objetivo: situar al municipio en el mapa.

Hoy, 16 años después, las calles estrechas del pequeño pueblo situado en una ladera de la Serranía de Ronda esconden en sus recovecos más de 200 obras de arte que lo han convertido en el único museo habitado del mundo. A partir de mañana se sumarán las obras de 12 artistas que llevan 15 días conviviendo con los vecinos y participando en la X edición de los Encuentros de Arte de Genalguacil.

Doce artistas participan en el X Encuentro de Arte de la localidad

A pesar de que esta mañana las calles son un ir y venir de gente, todos en el pueblo saben que es parte de una realidad efímera que envuelve al municipio durante una quincena cada dos veranos. Luego, como en el resto de pueblos de la serranía, Genalguacil se vacía, aunque siempre hay algún visitante que se acerca atraído por el arte que, aquí sí, lo envuelve todo. Desde las paredes de las casas hasta las esquinas más escondidas.

Porque Genalguacil es uno de esos pueblos a los que solo se puede llegar queriendo. Los 53 kilómetros que lo separan de la bulliciosa Estepona suponen una hora de subidas, bajadas y curvas por la estrecha carretera que bordea la montaña.

En uno de los días más calurosos del verano, en los que lo que más apetece es encerrarse en casa, Verónica Aguirre, una argentina de Mendoza, no para ni un momento. Hay que ir ultimando los proyectos. Mientras retoca un gran mural sobre la pared de una de las casas cuenta que con su obra quiere reflejar la dificultad que tienen los pueblos para defender su identidad ante la globalización. También Cristina Mengod y Rubén Espada, estudiantes de la Universidad de Málaga, han querido plasmar la identidad de Genalguacil. Estos días reparten como locos unas camisetas con las firmas de 200 vecinos: Antonia La Española, El Guerres. Todos quieren quedarse con una. Seguro que cuando las calles del pueblo vuelvan a vaciarse, la camiseta les recordará que ellos son Genalguacil y que el pueblo sigue vivo.

Desafiando al sol, Graciela sale a pasear con su hijo. Un anuncio de internet para cuidar a una anciana la trajo de Colombia hace cuatro años. Aquí se enamoró y tuvo a Francisco, que aún no sabe que tiene el honor de ser el último genalguacileño nacido en el pueblo. A nadie le extrañará si el niño sale artista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de agosto de 2010