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Primer test para la detección precoz del alzhéimer

El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa que afecta a unos 800.000 españoles. No tiene cura, pero se calcula que los procesos que van a desembocar en los síntomas más discapacitantes (pérdida de memoria y de habilidades sociales, incluidas la alimentación y el aseo) comienzan 10 años antes de que se pueda verificar. Científicos estadounidenses han elaborado la primera prueba que permite adelantar el diagnóstico. Lo ha publicado Archives of neurology.

El test, una mera punción lumbar, mide la presencia de una proteína, las beta-amiloides, en el líquido cefalorraquídeo. Y ese es su mérito: esta molécula se considera íntimamente asociada al desarrollo del alzhéimer, pero como se acumula en el cerebro no había forma de detectarla sin causar una grave lesión.

El estudio incluyó a personas de más de 70 años: 300 sin pérdidas de memoria, 200 con pérdidas de memoria por motivos ajenos al alzhéimer y 102 que sí tenían la enfermedad. Y el resultado fue una correlación entre las pruebas positivas y los enfermos del 100%.

Otras tecnologías

Existen otros intentos de detectar el alzhéimer -por ejemplo, mediante técnicas de imagen que permitan ver el daño en el cerebro- pero son mucho más caras y complicadas de hacer que una punción lumbar, aparte de que todavía no han dado resultados tan buenos.

Para el presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Familiares de Alzhéimer (Ceafa), Emilio Marmaneu, tener un diagnóstico temprano de la enfermedad puede ser de mucha utilidad. "Ya tenemos asumido que la cura va a tardar, y que el convertir el alzhéimer en una enfermedad crónica solo será posible a medio plazo. Por eso, de momento, lo que podemos hacer es retrasar los síntomas".

Para ello hay algunos fármacos (pocos) y terapias de estimulación cognitiva. Y todos ellos funcionan mejor cuanto antes se empiecen a aplicar, indica Marmaneu. "Aunque suene bruto, hay que tener en cuenta que el alzhéimer aparece, en general, a partir de los 70 años, cuando quedan unos 10 de vida. Si se retrasan los peores síntomas cinco o seis años gracias a estos tratamientos, es posible que la muerte llegue por otras causas antes de que la enfermedad esté en su peor momento, lo que reduciría mucho el sufrimiento", afirma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de agosto de 2010