Crítica:La vida doble. Arturo FontaineCrítica
i

Confesión desde Estocolmo

La lucha, la rabia, el deseo de acabar con el oponente, sea cual sea su naturaleza. La mística de la violencia. ¿Qué signo la justifica? Para Lorena, o Irene, una guerrillera entrenada para el combate, hay más preguntas que esa. La primera es por qué se dejó capturar.

La nueva novela de Arturo Fontaine (Santiago de Chile, 1952) hurga en los sótanos oscuros de la tortura bajo el régimen de Pinochet. Y no solo lo hace desde el que sufre el dolor y la humillación, el que ve degradado su cuerpo y su mente al nivel más animal, asombrado a su vez por la bajeza y ensañamiento inhumano de los verdugos, sino que se sitúa del lado de ellos, de los que persiguen y torturan a los que consideran peligrosos asesinos falsamente idealistas. Y todo a través del mismo personaje.

La vida doble

Arturo Fontaine

Tusquets. Barcelona, 2010

302 páginas. 19 euros

Más información

La vida doble es, en realidad, cuádruple. Lorena, o Irene, o la Cubanita, es una adolescente algo ingenua, madre soltera. Después, una combatiente de Hacha Roja. Y, tras un crítico momento de inflexión, traiciona, se convierte. Al final huye de Chile y se esconde de su pasado en Estocolmo. No resulta casual ese último lugar de destino para una torturada convertida a la causa de sus enemigos. Hay un famoso síndrome con ese nombre. Al contar esto no revelo el suspenso de la trama, todo queda establecido desde las primeras páginas. Porque esta novela lo cuenta todo a la vez y, sin embargo, crea el deseo de seguir leyendo, de adentrarse en los detalles que faltan. Que faltarán siempre. Las preguntas se suceden, se multiplican. Las respuestas van aflorando de manera velada. Las verdades, ¿cuáles son las verdades? La novela de Fontaine es la confesión de alguien que encontró su objetivo en el delgado placer de la delación. De la condena. En el poder letal del secreto.

Hubo casos reales como este durante la dictadura. El autor se ha basado en ellos y así lo deja traslucir al darle la forma de una conversación de la protagonista con el escritor. La mujer habla a través de estas páginas con autenticidad, con el lenguaje de la acción y del cuerpo. Nada resulta forzado, pese a las situaciones extremas. Tampoco se cede al facilismo del melodrama. Ni siquiera en las escenas de sexo y la historia de ¿amor? Lo importante para Fontaine es darle densidad y fluidez al relato y lo consigue no solo con la voz principal, sino con personajes como el Flaco, el Gato, el Macha, o el Espartano, Canelo, Rafa. Todas son identidades falsas y a ellas se añaden otros apodos o nombres ficticios. Apelativos de combate. Como si lo que sucedió tuviera que medirse en una realidad aparte donde la máscara nunca deja ver el vacío que oculta. Esto es ficción, pero de alguna manera sucedió. Y así lo atestigua la larga lista de fuentes utilizadas para su documentación.

La vida doble es un enfrentamiento constante, una guerra sucia. Una novela que no decae, aunque casi al final parezca que no va a poder resolverse. Y casi te obliga a volver al principio. Fontaine ha labrado frase a frase una historia de las que no acaban con la última palabra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0017, 17 de julio de 2010.

Lo más visto en...

Top 50