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CARTAS AL DIRECTOR

Arte y fútbol

Washington, Estados Unidos

Las grandes pasiones -el fútbol, entre ellas- aguzan ciertos sentidos y parecen nublar otros, como el sentido del matiz, aun en espíritus tan finos y rigurosos como el de Javier Marías. En su muy disfrutable artículo publicado en EL PAÍS el día de la final del Mundial, 11 de julio, Hoy es solo hoy, el escritor y apasionado aficionado afirmó que "el efecto de la victoria o de la derrota no es duradero... se desvanece a las 48 horas". Es posible que tenga razón, aunque no es fácil medir esas cosas. Pero cualquiera que sea el resultado de esa delicada medición, resulta a todas luces excesivo comparar -como hace Marías- el efecto de la pasión futbolera (que tengo la fortuna de sentir y compartir) con "el efecto que nos produce la visión de una gran película, o la lectura de una deslumbrante novela, o escuchar una música sobrecogedora, o la contemplación de un cuadro turbador". En primer término, porque en el arte hay efectos subterráneos y de largo plazo difícilmente equiparables a los de una contienda deportiva o electoral (valdría la pena explorar esto...). Y en segundo lugar porque por más fanáticos que seamos del fútbol, ninguna jugada, resultado, o peripecia futbolística puede acompañarnos, enriquecernos o iluminarnos por el resto de nuestros días como ciertas películas, novelas, composiciones musicales o cuadros. Nadie duda de que existan afinidades entre el arte y la pasión deportiva, pero, como nos enseña la obra del propio Marías, hay fervores y fervores, y no todos son iguales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de julio de 2010