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Análisis:EL ACENTO

Yo viajo, tú firmas, él contrata

Cuántos viajes debían cumplir los consejeros de la Caja de Castilla La Mancha para sentir satisfechos sus legítimos deseos de cultivar el espíritu cosmopolita? Están bien los viajes: se mejora el dominio de idiomas y se adquiere esa pátina cultural que tan bien queda en los saraos de las fuerzas vivas regionales.

Ha sido el propio presidente de Castilla- La Mancha, el socialista José María Barreda, quien en sede parlamentaria facilitó el número de esos desplazamientos: 1.550 personas de la región viajaron a costa de la Caja, entre ellos cargos del PP. Los viajes, lo dijo Barreda, eran conocidos y habituales, y seguro que muchos de ellos habrán partido del fantasmagórico aeropuerto de Ciudad Real.

Igual de conocida era la presencia como consejero de la corporación industrial de CCM de Ignacio López del Hierro, marido de María Dolores de Cospedal, presidenta del PP de Castilla-La Mancha y secretaria general del partido a nivel nacional. Quiso la casualidad que ocupara el cargo al tiempo que otra consejería en la inmobiliaria Metrovacesa, con la que la Caja, también casualmente, hizo alguna importante operación. Así que todo transparente: tú viajas, yo viajo, yo aconsejo, tú firmas. Lo que se dice, una comunidad feliz y bien avenida.

Pero la CCM se arruinó -en junio tenía un déficit de liquidez de más de 3.000 millones- y hubo que intervenirla. Pero estas son cosas de quienes se atienen a las minucias, ajenos a la grandeza de contemplar el Machu Pichu. Será que los dirigentes de las cajas padecen alguna enfermedad contagiosa conectada con la cultura. Por ejemplo, Arcadi Calzada, ex presidente de Caixa Girona y militante de CiU. Calzada vendió obras de arte a la entidad a través de su propia compañía, Galeria d'Art, y contrató a su hija para que coordinase las exposiciones de la obra social de la entidad.

La cultura da mucho de sí, pero seguramente no estaría de más que los consejeros de las cajas se pagaran sus propios viajes para visitar el Art Decó de Praga o el Nouveau de Budapest. Y que sus presidentes dejaran que sus hijos se ganen la vida fuera del trabajo de papá, que el dinero que tan alegremente tiran no es suyo: es de usted y mío.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de julio de 2010