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México busca en las elecciones regionales una salida a la violencia

Siete muertos y más de 30 personas detenidas durante la jornada electoral

Los mexicanos que, a pesar del miedo y los tiros, acudieron ayer a las urnas no sólo votaron a 12 gobernadores y a casi 2.500 alcaldes. Sus votos serán a partir de esta semana el precioso botín que exhiban los distintos partidos políticos cuando acudan a la residencia de Los Pinos para hablar con el presidente Felipe Calderón del futuro de México. Un futuro donde los niños del Estado de Guerrero no tengan que hacer unos curiosos y tristes simulacros en cada una de sus 10.200 escuelas. Ya no se trata de reaccionar bien ante terremotos o incendios, sino de protegerse contra las balaceras. Más de un millón de niños saben que, a la voz del profesor, tienen que tirarse al suelo boca abajo y cubrirse la cabeza con las manos. En la jornada de ayer hubo al menos siete muertos y la policía detuvo a más de 30 personas con artefactos incendiarios.

"Los criminales han conseguido prestigio social", dice Roberto Gil

El resultado de las urnas condicionará el diálogo con el Gobierno

Tras tres años y medio de mandato de Calderón y a dos y medio del final del sexenio, todas las fuerzas políticas de México dan por sentado que el presidente está solo y necesita ayuda en la lucha contra el crimen organizado. Y todos, aunque cada uno a su manera y a distintos precios, parecen dispuestos a brindársela. El objetivo, en palabras de Roberto Gil, subsecretario de Gobernación (Interior) y una de las pocas figuras emergentes en el Gobierno de Calderón, es sacar adelante "una sola estrategia en todo el territorio".

La razón es bien clara: el presidente sólo tiene mando sobre el Ejército -cuya presencia en las calles sólo debe ser coyuntural- y la Policía Federal -un cuerpo que trata de limpiarse y crecer al tiempo que se enfrenta a tiros con el narcotráfico-. El resto de las 1.600 policías de México está a las órdenes de gobernadores y alcaldes... o del crimen organizado.

El primer y urgente consenso que buscará el presidente es que esas policías, lejos de convertirse muchas veces en un enemigo más a batir, trabajen hombro con hombro con soldados y federales. Y para ello, las dos grandes formaciones de oposición a la derecha gobernante, el omnipresente Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la dividida izquierda del Partido de la Revolución Democrática (PRD), tienen que estar de acuerdo. "Y dejar", explica el subsecretario Gil, "de utilizar la lucha contra el narcotráfico en un motivo de diatriba política. Juntos tenemos que cerrar los espacios de impunidad que ha creado el narcotráfico y emprender un gran trabajo de reconstrucción institucional. Porque no hay que dejar de admitir que existen lugares de la República donde los criminales, ante la ausencia del Estado, han conseguido un cierto prestigio social. Hacen de jueces, de gobernantes, de benefactores... Esa situación es gravísima y entre todos tenemos que terminar con ella".

El asesinato, hace una semana, de Rodolfo Torre Cantú, candidato del PRI al Gobierno del Estado de Taumalipas, provocó una conmoción política inusitada. Ninguno de los 23.000 muertos contabilizados hasta ahora -muchos de ellos criminales, pero también policías y profesionales y jóvenes y hasta niños- había provocado tal conmoción en la política. El mensaje estaba muy claro: el crimen ya no sólo está en disposición de influir en las candidaturas, sino también de quitar de en medio al virtual e inminente ganador de unas elecciones.

Por tanto, para el conjunto de la sociedad mexicana, más que los resultados puntuales de ayer en cada uno de los Estados o municipios donde se celebraron elecciones, lo verdaderamente importante es cómo los partidos utilizarán a partir de hoy sus votos. Todo el mundo en México está pendiente del presidente y de sus rivales. De si van a seguir peleándose bajo los tiros o si van a ponerse finalmente de acuerdo para luchar juntos contra el cáncer del narcotráfico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de julio de 2010