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MI MUNDIAL | PÉTER ESTERHÁZY. Escritor húngaro | SUDÁFRICA 2010 | La otra mirada

"Mi hermano jugó en México 86"

Mi primer recuerdo de un Mundial debería ser el de Suiza de 1954 (yo tenía cuatro años), pero he decidido que no lo sea: allí el equipo de oro de Hungría -después de ganar los Juegos Olímpicos de Helsinki dos años antes y de derrotar a Inglaterra en Wembley- cayó en la final ante Alemania. Se ha repetido muchas veces: el fútbol es un deporte de 11 contra 11 en el que siempre gana Alemania.

En aquel equipo mítico jugaba Puskas, que era amigo de mi madre, la verdadera futbolera de la casa. Lo era tanto que cuando empecé a jugar como extremo izquierdo (era bueno), ella me repetía todos los tópicos de los entrenadores: se puede jugar mal, pero no como un tonto; fuera del campo no tienes que ser siempre fuerte, no sería normal, pero en el campo la debilidad no vale; se puede jugar mal, pero no se puede no querer ganar; hay que salir al campo a morir; para empujar eres mediocre, o sea, que no te bases en eso, sé fuerte, no empujón...

Con el tiempo me hice escritor, pero mi hermano Márton, del que mi madre no se había ocupado como entrenadora, terminó jugando con la selección húngara el Mundial de México 86. Ese es el recuerdo que elijo: mi hermano marcando un gol a Canadá. Hungría ganó ese partido pero perdió contra la Francia de Platini, Amoros y Luis Fernández. También con la URSS (todavía existía la URSS). Mi madre no vivió para verlo. Le habría gustado, porque cuando Márton empezó a triunfar se compró un cuaderno en el que apuntaba los resultados de sus partidos y pegaba los recortes con las noticias en las que salía. Ahora que lo pienso, nunca hizo lo mismo con las reseñas de mis libros. Eso sí, otro de mis hermanos lo tuvo peor: se hizo árbitro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de junio de 2010