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COLUMNA

¿'Perdidos' o 'Flashforward'?

Un ejemplo de texto en el que no se le anticipan acontecimientos al lector podría ser el Quijote; su trama se desarrolla a medida que el lector convive con sus personajes. En el extremo contrario, hay cuentos en los que el final es un dato dado, y la consecución de la obra consiste en ir desvelando cómo los acontecimientos han ido deviniendo hasta llegar al estado actual. Ejemplo de esta literatura "anticipatoria" lo encarna El lazarillo de Tormes: el autor se sitúa al final de los hechos y, como si de la propia tradición oral se tratara, nos cuenta su historia. Lo que separa a estas dos maneras de encarar la narración no es otra que la definición de "lo moderno". Si el Quijote es la primera novela moderna se debe en parte a que narra "sobre el vacío", de manera claramente orgánica y sin saber, como en la vida misma, qué le va a ocurrir a ese rocín a esa célula; no acepta la tradición oral, aquella que ya sabe el final de la historia y escenifica y monta un decorado no para presentarla, sino para re-presentarla: una característica claramente premoderna pero perpetuada en manifestaciones culturales como el folclore, la religión, el rock (especialmente los subgéneros del metal) y en general todo aquello que implique mitología y rito.

Esta dualidad nos remite al debate sobre el origen de la vida. Los creacionistas afirman que la vida es un cuento en el que Dios ya conocía el final, sólo tuvo que poner en marcha su máquina de narrar y así todos somos una especie de marionetas en su Gran Ficción. Para los darwinistas, como en el Quijote, la vida se desarrolla según nociones sujetas al azar de lo mutante, la ficción nunca está escrita y, en último extremo, no existe esa Gran Ficción. En el cine, grandes películas son cuentos orales, se ajustan al "arquetipo lazarillo", por ejemplo, Ciudadano Kane o Rebecca. En ambas todo comienza por el final, "Rosebud...", "anoche soñé que regresaba a Manderley...", la historia comienza por lo que "no deberíamos saber" para más tarde ir reconstruyéndola. En el extremo contrario, películas "modernas"

[en este sentido de la palabra moderno], hallamos, Los pájaros, Hitchcock; El planeta de los simios (la original, Franklin J. Schaffner), o llevando la no anticipación al límite de la perfección, Exotica de Atom Egoyan, o Hana-Bi de Takeshi Kitano. En el inconmensurable mundo de las teleseries contemporáneas, el ejemplo de no anticipación vendría encarnado por Perdidos, en la que el espectador va perdiendo el equilibrio a cada momento al mismo tiempo que los personajes

[se habla ya de esta teleserie como del Quijote de las narraciones visuales]. El caso contrario lo encontramos en otra reciente, Flashforward, en la que todo el planeta Tierra sufre un desmayo de pocos minutos para, en ese ínterin, cada persona ver su futuro; la narración consiste en desentrañar cómo demonios librarse de ese futuro que aún no se ha producido, pero que ya está escrito.

Todos estos ejemplos, de lo que realmente hablan es de dos cosmovisiones: la que admite la existencia de la complejidad de los sistemas vivos [la vida como una suma de catástrofes] y la cercana al determinismo newtoniano. -

Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) ha publicado recientemente la novela Nocilla Lab (Alfaguara. Madrid, 2009. 184 páginas. 16 euros) y el ensayo Postpoesía: hacia un nuevo paradigma (Anagrama. Barcelona, 2009. 176 páginas. 15 euros).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de junio de 2010