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CARTAS AL DIRECTOR

Justicia justa

"La justicia es un cachondeo", pronunció ya hace bastantes años cierto alcalde de Jerez. Y, si no recuerdo mal, fue inmediatamente procesado. Si hoy no decimos lo mismo será por prudencia, pero no por falta de ganas.

Ahora han salido -y saldrán más- magistrados, políticos y medios de comunicación con el conocido sonsonete de que hay que "respetar las decisiones judiciales", es decir, que es el deber de todo buen ciudadano sostener que el emperador desnudo va vestido. Está claro que hacer justicia no es tarea fácil; los atenienses mataron a Sócrates y los tribunales de Estados Unidos siguen condenando a muerte a personas que luego resultan ser inocentes; pero las decisiones bochornosas que se han tomado en el caso Garzón parecen indicar que la justicia española está gravemente enferma, sea por defectos endémicos del propio sistema o por la incompetencia o la mala fe de personas cuya responsabilidad es administrarla. O alguna combinación de las tres.

Si queremos que la justicia española sea respetada, hay que actuar para que vuelva a ser respetable. Deben existir mecanismos para hacerlo. A vista de profano, si se puede encausar a Garzón por prevaricación, que, según una definición al uso, es dictar una resolución a sabiendas que es injusta, existe mucho más motivo para acusar de lo mismo al juez instructor Luciano Varela. La fiscalía podría empezar por apoyar la querella presentada en este sentido contra Varela por varias asociaciones de víctimas del franquismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de mayo de 2010