Tres pilares para la recuperación

La economía valenciana sufrirá la convalecencia del ladrillo, pero necesita de todos los sectores para la recuperación - El reto es elevar la productividad

¿Qué tamaño tiene el cráter causado por la crisis? Dos medidas sirven para hacerse una idea: El producto interior bruto valenciano se desplomó un 4,3% el año pasado (un 3,6% en España), y la tasa de paro se ha disparado al 23% -al 20% en el conjunto del Estado-. La economía valenciana no alcanza la media española, y se aleja de las autonomías más avanzadas. Eso ya se ha dicho. La siguiente pregunta es: ¿cómo se sale de ésta?

La primera certeza es que no será de la mano de la construcción. Un sector al que la burbuja inmobiliaria y el mercado de segundas residencias hincharon hasta absorber al 14,8% de todos los trabajadores valencianos antes de estallar. Para apreciar el desequilibrio basta decir que el peso del ladrillo en el mercado laboral español alcanzó ese mismo año (2007) al 13,3% de los trabajadores, porcentaje nunca visto desde que en 1964 empezó a elaborarse la Encuesta de Población Activa, señala Matilde Mas, catedrática de Análisis Económico de la Universitat de València: "Hay que remontarse a los años 1974-1975 para encontrar participaciones próximas al 11%".

El sector servicios apenas ha perdido empleo mientras en otros se hundía

El análisis más optimista señala que la construcción levantará cabeza en 2012. Hay mayor consenso, sin embargo, en que hasta 2014 o 2015 no llegará la normalización. "Entendiendo como tal unas 400.000 viviendas al año, no tres cuartos de millón como antes del final del boom", afirma Vicente Pallardó, profesor de Estructura Económica.

La construcción está obligada a adelgazar. Pero la economía valenciana seguirá necesitándola. Porque para salir del hoyo no hace falta un sector; hacen falta todos, con el desafío común de elevar la productividad, señalan los expertos consultados. José Antonio Martínez Serrano, catedrático de Estructura Económica de la Universitat va más lejos y considera un error vincular la crisis a un modelo productivo que, en su opinión, no requiere grandes cambios. La crisis no la originó el modelo sino "fuertes desequilibrios macroeconómicos: exceso de gasto sobre la renta, enorme endeudamiento de las familias y empresas en gran medida financiado desde el exterior...", añade.

El gran creador de empleo, prosigue, será el sector servicios, como en todos los países desarrollados. La crisis ha dado alguna prueba de ello: mientras en otros sectores valencianos se disparaba el paro, la pérdida de puestos de trabajo en los servicios no ha alcanzado el 4%. El sector contiene muchos subsectores y todos deben mejorar su productividad, pero su punto de partida no es el mismo. El comercio minorista, afirma Mas, es un ejemplo a seguir; en la orilla opuesta se encuentra la hostelería, "en el que conviven grandes cadenas hoteleras con bares y chiringuitos intensivos en trabajo y baja productividad".

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La onda expansiva del pinchazo inmobiliario global ha alcanzado a las industrias asociadas al sector, como la cerámica y el mueble. La industria ha sido castigada, pero se ha mantenido en pie. Las exportaciones valencianas cayeron menos que las españolas el año pasado, han empezado mejor el actual.

Su peso en el empleo tenderá a ser menor que el de los servicios, pero eso no significa que vaya a dejar estratégico. Siempre que haga los deberes en materia de competitividad (diseño, contenido tecnológico...). "Eso debe permitir mantener un núcleo industrial potente que tire de la productividad general del país, pero que será secundario en términos de empleo. Aunque no olvidemos que el empleo en el sector secundario es el que tiene mayor remuneración media. Su pérdida supone no sólo un coste de número de empleos sino también de calidad de empleos. La idea de una economía sólo de servicios no me parece afortunada", afirma Pallardó.

¿Qué papel puede jugar el Consell? Tiene escasas competencias y las pocas que tiene (como la distribución comercial) sería mejor retirárselas, responde Martínez Serrano, porque sólo han servido para poner palos (regulaciones) en las ruedas de la actividad económica. Pallardó destaca que tiene su parte de labor en reformas como la de las cajas de ahorro y la mejora educativa. Mas concluye: "A corto plazo, la mejor medida que podría adoptar sería pagar a sus proveedores en plazo, o al menos acortar los plazos".

La I+D y el empleo

"Gastar más en I+D como estrategia para enfrentarse a la crisis no deja de ser la respuesta de los que no entienden nada de lo que está pasando", afirma Juan Antonio Martínez Serrano. Su opinión no se ajusta al discurso políticamente correcto, pero tampoco es una reflexión aislada. Un reciente estudio del Instituto McKinsey analiza ocho países (entre los que no está España) para llegar, entre otras, a la conclusión de que los intentos de generar clusters tecnológicos (como las industrias de semiconductores) se han saldado generalmente con sonoros (y costosos) fracasos. Incluso en aquellos que han salido bien, el enorme gasto no resulta rentable en términos de empleo. Martínez Serrano parte del hecho de que el gran problema de la economía española (y valenciana) es el empleo. El único sector capaz de crearlo son los servicios. Y para que lo haga es necesario eliminar muchas regulaciones ("fruto de intereses creados") y flexibilizar el mercado de trabajo.

Sin llegar ahí, Matilde Mas señala que los sectores ligados a las nuevas tecnologías son los que más han contribuido a aumentar la productividad, en los países desarrollados. Pero eso no ha ocurrido en España, o al menos con la misma intensidad. "Por lo tanto, hacer una apuesta fuerte en sectores intensivos en I+D+i no garantiza por sí solo que se obtenga rédito del esfuerzo si no se solucionan los problemas de eficiencia que afectan prácticamente a todos los sectores productivos. Incluidos los tecnológicamente más avanzados".

Sobre la firma

Ignacio Zafra

Es redactor de la sección de Sociedad del diario EL PAÍS y está especializado en temas de política educativa. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia y Máster de periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid y EL PAÍS.

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