Reportaje:

El ciclo de la alcantarilla robada

Una banda sustraía tapas de cloaca y las vendía a 100 euros - El metal acababa donde se fabrican las piezas

Donde los vecinos sortean la alcantarilla, Enrique advirtió el negocio perfecto: unos 20 kilos de hierro forjado disponibles en plena calle, 100 euros de beneficio por pieza vendida a peso en una chatarrería ilegal y un ciclo infalible para sostener el negocio. El chatarrero revendía cada tapa por unos 130 euros a empresas de fundición dedicadas a fabricar, entre otras cosas, tapas de alcantarilla. Las mismas que los Ayuntamientos compran por hasta 150 euros, en función de su tamaño.

Cada robo de Enrique V. R., ciudadano de Reus de 29 años detenido el pasado viernes por hurtar cloacas, garantizaba en cierto modo que pudiera volver a robar. "El metal va de mano en mano y el ciclo no termina nunca", define Lluís Molina, jefe de la Policía Local de Constantí (Tarragona) que ha desarticulado una activa banda de cinco personas centrada en las alcantarillas. El caso ilustra un embrollo tan local como extendido por el mundo: el constante goteo de delincuentes volcados en el robo de metales, como el cobre, que mueve miles de millones y que en los últimos meses ha crecido al calor de la crisis.

"Nunca habíamos sufrido tantos robos como ahora", dicen en un Ayuntamiento

Los agentes sorprendieron al grupo en plena transacción con los tres propietarios de la chatarrería, también detenidos. "Este tipo de robos es común, lo extraordinario es haber cazado a los chatarreros que colocan el material, porque suelen quedar impunes", subraya una portavoz de los Mossos d'Esquadra, que también participaron en la operación.

Cientos de ladrones de poca monta engrosan a diario esta cadena en la que el metal robado circula frenético para beneficio de fundiciones al margen de la legalidad, chatarrerías irregulares y pequeños rateros. El comercio sólo lo sufragan los nuevos compradores de las piezas antaño robadas: Ayuntamientos, empresas ferroviarias y eléctricas, entre otras. Los consistorios, que pagan con dinero público un material valioso que queda desprotegido en la calle, son el blanco más fácil. "Sufrimos estos robos de forma periódica pero nunca con la intensidad de estos meses", advierte una portavoz del consistorio de Reus. El municipio sufrió la sustracción de un centenar de alcantarillas, rejillas y otras piezas de mobiliario urbano el primer trimestre de este año. Otros pueblos de la zona confirman esta tendencia al alza mientras que la Guardia Urbana de Tarragona sólo frenó el fenómeno tras detener de forma consecutiva a dos bandas de delincuentes afanadas por las cloacas. En Reus, el episodio de robos ha quedado aparentemente zanjado tras la operación de Constantí y las detenciones.

"Los receptores del material son los que lo mueven en grandes cantidades a otros niveles", explica Molina. El cuerpo policial detectó la chatarrería instalada sin permiso en una nave de la localidad. Los agentes aguardaron a que llegara un vehículo cargado de alcantarillas hasta los topes. Recuperaron unas 60 tapas de cloaca, todas con el anagrama del Ayuntamiento de Reus troquelado en la moldura. "Hierro, aluminio... es un tipo de robo muy recurrente. No son una mafia pero los ladrones están organizados y lo consideran su profesión. Con la crisis ha aumentado y no paramos", se resigna Molina.

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