Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:DANZA

Un diamante en La Vaguada

Sucede en ballet que a veces donde menos se espera aparece el talento y el espectador ya no tiene ojos para otra cosa. Esto sucede con el Ballet de la Ópera de Lviv y su antología de fragmentos de grandes títulos. Al final de la primera parte, el pas de deux de Cascanueces cobró una dimensión artística que cambiaba los objetivos de la velada: el bailarín Olexeiy Potiomkin, dignamente acompañado por una nerviosa Anna Sumina, le sucede eso que se da en llamar "miedo escénico", pues evidentemente, tiene condiciones para hacer más y mejor. Pero se vio cómo entra en pánico hasta el punto de transmitir al espectador esa angustiosa sensación.

Sin embargo, Potiomkin, apenas en la veintena, tiene todos los ingredientes para convertirse en un bailarín noble en toda regla (de hecho, ya lo es): un bien tan escaso como difícil de encontrar. Su físico tiene la apostura exacta, proporciones, línea, respiración y sobre todo, una intención artística en los movimientos que le hace destacar. Su técnica es solvente y pone de manifiesto que tiene potencial. Al final, también asumió la parte solista en Noche de Walpurgis y desplegó un virtuosismo elegante y musical que le convirtió en triunfador único, y donde estuvo acompañado por la solista Cristina Trach, de fuerte temperamento.

BALLET DEL TEATRO DE LA ÓPERA DE LVIV

El gran ballet de los cuentos. Extractos de Coppelia, El lago de los cisnes, Cascanueces, La creación del mundo, Sheredzade, Noche de Walpurgis. Director: Ijor Khramov. Teatro

de Madrid. Hasta el 4 de abril.

"El gran ballet de los cuentos es una sucesión algo atropellada y sin demasiado concierto ni hilatura de los grandes clásicos del ballet. Pero aún entendiendo que se trata de un popurrí festivo y de pretensiones didácticas (o precisamente por ello) no puede aparecer el Cisne Negro antes del Cisne Blanco, entre otros dislates estructurales, o la alternancia en escena de la Swanilda de Coppelia con la muñeca y el Dr. Coppelius. Falta dramaturgia, y es equivocado creer que los niños no se enteran.

Paradójicamente, la coreografía que mejor fue respetada y muy bien bailada fue la de Sheredzade (de Mijail Fokin), un largo adagio lleno de sensualidad, que la misma Anna Sumina bordó como Zobeida junto a un potente Esclavo interpretado por Ijor Khramov. En el resto de las piezas, la adaptación hizo sufrir tanto a las lecturas coreográficas como a los estilos, aunque en Noche de Walpurgis el adaptador se esmeró por mantener esa atmósfera que Leonid Lavrovski selló para siempre dentro del universo coreográfico de ballet y que durante décadas ha sido el sello de la escuela moscovita.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de marzo de 2010