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Reportaje:SI LOS EDIFICIOS HABLASEN

Un fantasma que olía a café

La Fábrica Monky, una de las arquitecturas perdidas de la modernidad madrileña

Desde la carretera la gente tenía que ver, y oler, que en la fábrica del nuevo café soluble se usaba café de verdad. "Había que mostrar las tripas de un proceso que hacía desconfiar al consumidor de cortado de bar, por lo que el secadero se colocó en una elegante jaula de cristal", explica Juan Casariego, hijo de Pedro Casariego, arquitecto, junto a Genaro Alas, de la Fábrica Monky. Eran los años sesenta, el café instantáneo y la arquitectura moderna llegaban a una España que despertaba del aislamiento. "El edificio tenía una estructura ligerísima, construida a base de ingenio y austeridad; funcional y sin moralina, conseguía, con pocos elementos, la belleza", dice Casariego hijo, también arquitecto.

El edificio se tiró para construir un monstruo de oficinas

La cultura que se impone es la del máximo beneficio

La fábrica duró en pie casi 30 años, hasta que la derribaron para construir en su lugar todo lo contrario: un monstruo de oficinas de vidrio rosado y celeste, adornado con columnas, que, según Casariego, es "una mezcla chapucera de posmodernismo". ¿Por qué? "Por dinero", asegura Casariego, "el 90% de la arquitectura perdida se debe a la especulación", cambios en la normativa legal que revalorizan el suelo permitiendo construir más en el mismo espacio. "En el arte nada se mide por metros cuadrados, pero en arquitectura el trasfondo económico hace que se valoren más los metros que los edificios".

La historia de la Fábrica Monky forma parte del libro Madrid. Arquitecturas perdidas, 1927-1986 (de Juan Casariego, Antonio Arean y José Ángel Vaquero). Su lectura es un paseo fantasmal por una ciudad que ya no existe; un catálogo de 80 hitos de la modernidad que han desaparecido. Publicado en 1995, pretendía cubrir un "vacío de debate y de marco legal". "A lo largo de la historia siempre ha habido derribos, pero parece que los de la arquitectura moderna tienen menos repercusión patrimonial, la opinión pública todavía no la valora", explica Casariego.

Para obtener la lista preguntaron a arquitectos jóvenes y consagrados qué edificios echaban más de menos. Extrajeron una clasifica-ción de inmuebles añorados: un chalé del maestro Alejandro de la Sota, el mercado de Olavide, la gasolinera de Porto Pi (reconstruida en 2001), el frontón Recoletos de Zuazo, las piscinas La Isla de Gutiérrez Soto... En el puesto número siete estaba la Fábrica Monky.

El concepto perdidas incluye arquitecturas transformadas, por lo que en la lista también aparece el cine Barceló, que sigue en pie ahora como discoteca Pachá. "Un edificio no es sólo su fachada, sino también sus usos, pero sólo se protege lo de fuera", se lamenta Casariego. "Así, en la Gran Vía, donde antes había pensiones, boîtes y cines ahora sólo hay Zaras y Mangos".

Para el arquitecto, la transformación es peor que el derribo: "Igual que es peor la mutilación que la muerte, el derribo tiene un punto heroico y la memoria es más generosa con lo que ha desaparecido".

¿Cómo se lo toman, sin embargo, los arquitectos que han sufrido en su obra la furia demoledora? "Los hay beligerantes, pero la mayoría, aunque les siente mal, lo asumen", dice el arquitecto. "Hacer un edificio es un proceso largo y conflictivo, no te creas que al final le tienes tanto afecto... Además, la arquitectura es una obra colectiva, no es equivalente a que a un pintor le quemen un cuadro o a un escritor un manuscrito". "No hay que empeñarse en ser conservacionista", dice Casariego, "hay cosas que tienen que evolucionar o desaparecer -por ejemplo, si se deja de tomar café soluble-, pero la ciudad es responsable de reinventarse, como en el Matadero".

"De toda la vida la arquitectura se ha construido sobre otra arquitectura. Mira la Mezquita de Córdoba, es ley de vida", continúa, "pero la intención fue siempre imponer una cultura sobre otra, mostrar el poder de lo nuevo en el lugar antiguo...". El arquitecto calla un momento y concluye: "Bueno, si lo piensas ahora es igual".

Simplemente, la cultura que se impone es la del máximo beneficio. Los autores de Arquitecturas perdidas están preparando una segunda edición del libro, que incluirá joyas derribadas por dinero como la Pagoda de Fisac, lugares transformados hasta ser irreconocibles, como las Torres de Colón, e inmuebles que viven en el limbo creado por la especulación. Ahí está el Edificio España, parapetado tras un andamio desde hace años, esperando al mejor postor.

FÁBRICA MONKY

- Autores. Genaro Alas y Pedro Casariego.

- Construcción. 1960-1962.

- Estilo. Funcional.

- Ubicación. Nacional II.

- Función. Fábrica de café. Demolida en 1991

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de marzo de 2010

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