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El primado irlandés se niega a dimitir por silenciar abusos

Seán Brady logró en 1975 que dos niños callaran las agresiones de un cura

El cardenal Seán Brady, primado de la Iglesia católica de Irlanda, se negó ayer a dimitir a pesar de las peticiones realizadas en ese sentido por tres personas que sufrieron abusos a manos de un cura pederasta en los años setenta. Brady era sacerdote y maestro en Kilmore cuando, en 1975, sus superiores le encargaron que entrevistara a un niño de 10 años y a una niña de 14, víctimas de los abusos del padre Brendan Smyth, un sacerdote que acabaría declarándose culpable de 74 casos de abusos entre 1958 y 1993, y que moriría en la cárcel en 1997, a los 70 años.

El ahora cardenal consiguió entonces que los dos niños aceptaran un voto de silencio, pero ahora asegura que aquel encubrimiento no buscaba proteger del escándalo a la Iglesia católica y que, de todas formas, no era él la persona encargada de explicar el caso a las autoridades civiles. "En 1975 sabía que Brendan Smyth abusaba de niños y se mantuvo en silencio durante 20 años", le reprocha una de las víctimas, Marie Collins. "Es un vergonzoso intento de abdicar de sus responsabilidades por lo que hizo en 1975", opinó otra de las víctimas, Colm O'Gorman.

"Hoy no habría actuado como lo hice entonces", aduce el cardenal

En diciembre del año pasado, cuando se publicó uno de los dos informes que detalla la enormidad de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos en Irlanda, Brady, que dirige la iglesia irlandesa desde 1996 y es cardenal desde 2007, se comprometió a dimitir si se encontraba algún caso de abusos como resultado de fallos suyos de gestión. Pero él cree que no está obligado ahora a aceptar esas peticiones de dimisión.

"He oído esos llamamientos, pero no creo que sea un asunto para dimitir", declaró ayer a la televisión pública irlandesa RTÉ. "Hace 30 años, hace 35 años, yo no era obispo, no ejercía cargos de dirección, era un maestro de secundaria y estaba allí tomando declaración", dijo. "Hace 35 años el mundo era muy diferente. No teníamos dirección con que guiarnos, estábamos en territorio inexplorado. Ahora tenemos estándares mucho más altos y desde luego ahora no habría actuado de la misma manera en que lo hice entonces", añadió.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de marzo de 2010