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Crónica:

Gitanos 8; Guardia Civil 2

Romaníes, senegaleses y policías disputan el primer torneo por la Integración

"Ya te voy a hacer correr yo la próxima vez. Me he quedado con tu cara y verás cuando coincidamos de nuevo". La frase, pese a que se la dijo el guardia civil Juan Antonio Sánchez al gitano Johny Salazar Heredia, no pasará a mayores. Fue parte de las bromas que se vivieron durante el primer torneo por la Integración, que organizó la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) en Vicálvaro. La sentencia se produjo justo un minuto después de que la selección de los romaníes endosara ocho goles al equipo de los guardias. El público que había alrededor acogió la broma del guardia civil con grandes carcajadas.

El torneo se jugó con equipos de siete jugadores y en un campo reducido. Los encuentros duraban 40 minutos y se podían hacer todos los cambios que fueran necesarios. También se enfrentaron una selección de senegaleses y un equipo de policías municipales de la capital. La victoria fue para los primeros por dos goles a uno.

El partido que más morbo suscitó fue el de gitanos y guardias civiles. Desde el primer momento se vio que los agentes no tenían ni el ritmo ni la preparación física de los romaníes. Éstos, con edades entre los 20 y los 35 años, se habían entrenado días antes. Procedían de parroquias evangelistas de Carabanchel, Vallecas, Villaverde y Centro. "¡Ahora sí que vamos a poder conducir sin carné!", le chillaba un joven a sus compañeros desde la banda, mientras se sucedían los goles en la portería de los guardias civiles. Algún integrante de esta selección llegó a pedir la hora cuando faltaba aún más de medio partido. Así se hubieran ahorrado la humillación del 8-2 con el que concluyó el partido. "Pero, ¿cómo no vamos a perder si ellos son tan jóvenes y nosotros tenemos unas barrigas cerveceras importantes?", bromeaba un guardia. "Y encima a mí, que no me gusta perder ni a las chapas. Pero hay que reconocer que saben jugar muy bien y que nos están presionando mucho y arriba", explicaba el teniente Sergio Mungía. Los gitanos jugaban hasta de tacón, mientras los guardias, vestidos con camiseta naranja, no llegaban ni a la mitad de los balones. "¡Jooo, menudo morbo me da ganar a la Guardia Civil!", confesó Iván Vargas, un jugador gitano procedente de Carabanchel, cuando se impusieron en el primer partido. "Esta vez somos nosotros los que les perseguimos a ellos. Y les hemos ganado", afirmaba el capitán del equipo romaní, David Lobato, que no paraba de reírse.

La corpulencia y la potencia física de los senegaleses, reclutados por el Movimiento contra la Intolerancia en Lavapiés, se impusieron a la técnica de la selección de fútbol-sala de policías municipales del sindicato CSI-CSIF. Los primeros ganaron por tres goles a uno en un partido en el que los agentes jugaron con clase, aunque los senegaleses se impusieron por su ímpetu.

La iniciativa, pionera en la región, pretendía mostrar lazos de unión entre estos colectivos que suelen estar muy alejados en el día a día. "Se trata de poner un pequeño grano de arena, porque estamos convencidos de que la gente cuando se conoce, y sobre todo en el deporte, se integra mejor y más rápidamente. La xenofobia se alimenta del desconocimiento de unos sobre otros", explicó el secretario general de la AUGC en Madrid, Joaquín Canovas. De fondo, el ruido de una batucada que se trajeron los senegaleses y marcó un ritmo muy movido durante todo el torneo.

La final la disputaron senegaleses y gitanos. Fue un partido duro, con mucha rivalidad y mejor tono, en el que quedaron empate a uno. Los lanzamientos desde el punto de penalti dieron la victoria a los romaníes, ya que los senegaleses no marcaron dos disparos tras sendas paradas del guardameta contrario. "Es una lástima, porque hemos jugado muy bien", decía lastimoso Mohamed Konake, de 29 años, que lleva en España cinco años tras llegar en un cayuco. Mientras, el portero del equipo contrario era llevado en volandas por sus compañeros. Era su gran héroe y lo celebró como tal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de marzo de 2010