Columna
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A veces

A veces navego por la televisión tratando de encontrar algo que contarles. Lo hago sin rumbo fijo, como un náufrago entre canales, buscando un trozo de madera al que aferrarme. Lo hago como una obligación de este oficio con el que me he comprometido por una temporada. A veces salta una joya y en otras ocasiones no encuentro más que el vacío. El fin de semana pasado, les prevengo, caí como tantos en el embrujo histérico de La noria. Traté de adivinar si se dejan llevar por el cinismo o por el noble empeño de informar a la plebe. Presencié el debate sobre el caso de Jesús Neira, su agresor y la pareja de éste, que es una fascinante víctima / culpable para nuestra ficción televisiva. No pude sacar una conclusión.

Entonces, el presentador telefoneó a la duquesa de Alba para felicitarla por su última distinción. Ya tiene más medallas que Michael Phelps, pero Jordi González sabe hablar a cada cual y dirige la orquesta con maestría aunque la orquesta sea de instrumentos disonantes. Ella confesó, en pijama y metida en la cama, que no veía el programa: "Es muy tarde y nunca estáis de acuerdo y gritáis mucho". Suerte que la duquesa no necesita el trabajo, porque nos retiraba a todos los comentaristas de televisión.

Y luego topé con la tertulia en blanco y negro donde Garci habla con sus amigos de películas estupendas. A veces las películas no son estupendas, pero ellos insisten tanto que te vuelves a enganchar. Y pensé escribir de ese amor que comparto contra lo que el viento se lleva irremediablemente, pero la publicidad que Telemadrid insertó en la pausa del programa me dio la clave: un yogur para regular el intestino en las señoras mayores, otro yogur para reforzar el calcio de los huesos de las personas mayores, unas chocolatinas para acompañar el té de la tarde de las personas mayores, un champú para cabellos teñidos y envejecidos de las personas mayores y unas compresas para la incontinencia urinaria en personas mayores. Al final los publicitarios son también los mejores comentaristas de tele, aunque en este caso innecesariamente crueles. En realidad la tele se comenta a sí misma y yo, cobrando por hacerlo, a veces me siento culpable.

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