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Unidad al pie de la mayor fosa común

Los partidos políticos y la sociedad civil de Málaga dieron ayer una rara muestra de unidad en un asunto relacionado con la memoria histórica. El alcalde de la capital malagueña, Francisco de la Torre, del PP, y la consejera de Justicia de la Junta de Andalucía, Begoña Álvarez, del PSOE, presentaron juntos el informe final sobre las exhumaciones del antiguo cementerio de San Rafael, donde fueron fusilados y enterrados en fosas comunes 4.471 republicanos entre febrero de 1937 y el año 1955. Durante los últimos tres años, un equipo de arqueólogos de la Universidad de Málaga (UMA), apoyado por voluntarios y miembros de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), ha desenterrado y catalogado un total de 2.840 esqueletos.

La diferencia entre la lista de fusilados -obtenida tras años de investigación en archivos civiles, militares y penitenciarios- y la de cuerpos finalmente exhumados se debe a que la falta de espacio en el cementerio, cerrado en los años 80, obligó a desenterrar algunas fosas comunes. Estos restos fueron trasladados a columbarios sin identificar, explicó Sebastián Fernández, profesor de Arqueología de la UMA y director de la excavación.

De los miles de cuerpos recuperados, un 97% varones, sólo uno ha podido ser identificado utilizando técnicas de ADN. Se trata del padre de Francisca Córdoba, que, año tras año junto a su familia, se encargó de renovar la marca que fijaba exactamente el lugar del enterramiento. Otros 200 familiares se han apuntado hasta el momento para someterse a estas pruebas, aunque el deterioro de los huesos -los ejecutores arrojaron cal viva sobre los cadáveres para acelerar su descomposición- complica la extracción del material genético.

Francisco Espinosa, presidente de honor de la ARMH malagueña y verdadero artífice del proyecto de exhumación, recordó cómo "durante el franquismo era imposible saber el motivo y las circunstancias de los asesinatos. Los padres no hablaban de ello para proteger a sus hijos". Manuel Muñoz, familiar de un fusilado, pidió un aplauso para el juez Baltasar Garzón, que, bien por convencimiento bien por simpatía hacia la víctima, fue secundado por todos, concejales del PP incluidos.

Los esqueletos volverán a San Rafael en el futuro. El escenario del horror se convertirá en un parque público presidido por un mausoleo en el que reposarán más dignamente los restos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de marzo de 2010