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Necrológica:

Vladímir Mótyl, director de referencia en el cine ruso

Los cosmonautas ven un filme suyo antes de ir al espacio

El director de cine Vladímir Mótyl falleció el 22 de febrero en Moscú a los 82 años de edad. Su película más famosa -El sol blanco del desierto (1969)- es un punto de referencia imprescindible en la cinematografía de la URSS y forma parte de las tradiciones culturales y sociales rusas más de 40 años después de que fuera rodada en las costas desiertas del Caspio, en el territorio de Turkmenistán. Es costumbre que, antes de ser lanzados al espacio, los cosmonautas rusos vean esta película, en la que se narran las aventuras en Asia Central de un héroe de la guerra civil entre rojos y blancos que siguió a la Revolución bolchevique de 1917.

Mótyl nació en una familia judía en la localidad de Lepel (Bielorrusia) y, en 1930, cuando apenas tenía tres años, su padre fue acusado de espionaje, encarcelado y enviado al campo de concentración en el archipiélago de Solovki, en el mar Blanco, donde murió al cabo de poco tiempo. La infancia del futuro cineasta transcurrió en el exilio en los Urales, donde su madre trabajó de educadora en el sistema de correccionales para delincuentes juveniles.

Otros miembros de su familia fueron represaliados en época de Stalin. Sus abuelos sufrieron el destierro en el Lejano Oriente ruso y perecieron después en un gueto durante la ocupación de Bielorrusia por la Alemania nazi. Mótyl estudió teatro e historia en Sverdlovsk (hoy Yekaterinburg) y ejerció como director en diversos teatros de aquella ciudad. Su primera película fue Los hijos del Pamir (1963), realizada en Tazhikistán. En 1967 rodó la comedia Zhenia, Zhenechka y katiusha, pero su fama se la debe a El sol blanco del desierto, una cinta que perdura más allá de sí misma, por cuanto sus diálogos han generado numerosas frases hechas que siguen empleándose en la lengua rusa actual.

El género 'eastern'

El sol blanco del desierto pertenece al género eastern, una réplica de los westerns norteamericanos, pero situados en los escenarios orientales de la colonización rusa y de la lucha del poder soviético por imponer formas de vida occidentales y laicas a una sociedad asiática tradicional. El héroe de la cinta, Sújov, se ve involucrado en la persecución del bandido Abdulá, que ha dejado tras sí a su harén. Junto con Said y Petruja y las cautivas del harén, Sújov protagoniza situaciones conflictivas, sentimentales y cómicas.

La película fue producida por el Estudio Cinematográfico Experimental, fundado en 1966, que tenía más libertad creativa que otros estudios en la URSS. No obstante, tuvo dificultades para abrirse camino, ya que los ideólogos del régimen consideraban ofensivo el tratamiento de un héroe de la guerra civil en clave de aventura.

Los obstáculos se allanaron cuando el líder de la URSS, Leonid Bréznev, aficionado a los westerns, vio la película en una proyección privada en su dacha y quedó entusiasmado. Aunque El sol blanco del desierto fue un éxito de taquilla -en 1970 reunió a 50 millones de espectadores-, Mótyl tuvo que esperar a la desintegración de la URSS para que se le reconociera su trabajo al máximo nivel. En 1997 y 1998 recibió sendos premios estatales, uno literario y otro cinematográfico. Su última película, El color púrpura de la nevada, data de 2009 y es un intento de evocar la época de sus padres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de febrero de 2010