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Reportaje:Diseño

La hondura de lo extraplano

Se imponen los objetos que pretenden funcionar como simple marco y huyen de cualquier protagonismo

Los jardines irritaban al pintor Piet Mondrian. Solía pedir que le cambiaran el lugar en la mesa si tenía que sentarse mirando uno. Sus amigos aseguraban que era un mecanismo de defensa. Desde que se había empeñado en ser un neoplasticista riguroso quiso olvidarse de los años que había pasado observando jardines. Y pintando árboles. El diseño extraplano, por el que están apostando hoy varias empresas, podría derivar del neoplasticismo. Pero ése no es su problema. El problema del diseño extraplano, como el de cualquier gesto marcado, es que algún diseñador, o cliente, trate de imponerlo. O de imponérselo.

Es lógico que una línea decorativa austera, sobria y escasa despierte incredulidad. Puede que, a quienes no hayan usado nunca muebles de esas características, lo extraplano les parezca limitado, forzado, mutilado incluso. Sin embargo, lo extraplano podría invitarles a dudar de cuanto consideran cómodo. Los clásicos del diseño valoran ese paisaje evanescente como un signo de madurez. Las estanterías, las vajillas o las sillas que sólo quieren funcionar como marco y que huyen de cualquier protagonismo para cedérselo a los libros, a la comida o las personas que los ocupan son, al diseño, como el impagable paso atrás del reportero que desaparece tras una noticia. No se puede pedir más.

La desaparición del diseño denota, más bien, su digestión

Los clásicos ven ese paisaje evanescente como un signo de madurez

Vivimos en un tiempo de autores sobrerreconocidos y de gestos sobrevalorados. Por eso puede costar estimar tanta contención. Sin embargo, por una vez, lo extraplano no debe convencer por la vista. Lo necesitamos por el uso. La idea es que se vea poco, casi ayudarlo a desaparecer. No se trata de aplaudir al minimalismo. La desaparición del diseño denota, más bien, su digestión: el principio de una plácida convivencia.

Que la presencia de los muebles marca, y muchas veces sobrecarga, cualquier hogar es algo de lo que han aprendido algunas religiones y culturas que no permiten heredar el mobiliario ni que la gente viva en el mismo lugar donde lo hicieron sus antepasados. El folio en blanco de la vida llega, así, más blanco sin muebles.

Un mueble extraplano no es ya sólo un invento estilizado. Lo extraplano ha dejado de ser una muestra de ingenio para convertirse en una solución psicológica. La idea no es tanto ocupar poco espacio físico como despejar el espacio mental. La empresa valenciana Gandía Blasco hace años que centra su apuesta de descanso al aire libre en el color blanco. Ahora quiere reforzar esa propuesta extremando el tamaño de su mobiliario. En esa línea estricta que celebra la limpieza, el diseñador Héctor Serrano y el arquitecto Ramón Esteve han ideado sendas colecciones de asientos, Air y Luna -en polie-tileno y acero inoxidable termolacado-. Pero ha sido Mario Ruiz quien, con su serie Flat (plano) de mesas, butacas y tumbonas de perfilería de aluminio ha dado nombre a la tendencia. El triunfo de lo extra-plano invita a la desaparición del diseño. Los módulos metálicos de las estanterías Quadrant de ABC Reoler, que distribuye Wikinsa, pueden dividirse o multiplicarse. Sólo quieren servir. No tienen nada que decir. Pero hablan de una nueva austeridad, ciertamente estética, que ya anunció el escultor Isamu Noguchi cuando aseguró que "con el tiempo, terminaremos librándonos de los muebles".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de febrero de 2010