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AL CIERRE

El cuerpo, querido Watson

Tuve tiempo de ir varias veces al cine. Pensé que Sherlock Holmes quizá me ayudara a entender el misterio de mi propia mudanza. No andaba errado. Antes de salir de casa, introduje en Google Imágenes el nombre del héroe. El noventa y nueve por ciento de las fotos reproducían la misma iconografía: el detective sepulta su cuerpo en un ataúd de ropa. Incluso el perro animado de Miyazaki esconde su vello perruno bajo el traje, la gabardina, la capa, el sombrero y la pipa. ¿Qué hay de nuevo, viejo?, me pregunté mientras aparecían los títulos de crédito grabados en los adoquines londinenses. La respuesta apareció enseguida: el cuerpo, querido Watson.

La escena clave de la película es el combate clandestino que protagoniza Sherlock Holmes. Su lucha no es por honor ni por dinero. En la lógica psicológica del nuevo personaje (alguien que tiene que ser el motor de una franquicia), el combate se debe a una mezcla de terapia y de impulso autodestructivo. En la lógica narrativa de la película, quitarle la camisa al detective, convertirlo en un luchador implacable, significa subrayar la importancia de su cuerpo en esta nueva etapa de su secular singladura. Aunque la trama dependa de la capacidad deductiva de Holmes, la película avanza en clave de película de acción. El cuerpo es el trampolín desde el que salta la mirada para atar cabos. La inteligencia se somete al vértigo corporal. No podría ser de otro modo en una reencarnación del siglo XXI.

También la corporeidad de la metrópolis es sometida a una operación de cirugía estética. Desde el primer segundo estamos ante una de las mejores recreaciones de la Londres decimonónica. La suciedad, el hollín, el carbón y el humo; la superstición, la política, la criminalidad y la técnica invaden la topografía de The big smoke. El puente de Londres, en construcción, aparece primero como telón de fondo y, en la escena final, como lugar del segundo ahorcamiento del (cuerpo del) malvado. Durante todo el metraje, entre dos casas de esa ciudad -la de soltero y la de casado- se establece la tensión que martiriza al sherlockdependiente doctor Watson. No es casual que la película, que habla de la metamorfosis de un icono, termine cuando se consuma su mudanza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de febrero de 2010