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COLUMNA

Otro lado

Hoy prosigue en la Audiencia Nacional el juicio por el cierre del periódico Egunkaria. El cierre de un periódico es siempre una mala noticia y en condiciones normales este caso habría ocupado un enorme espacio informativo. Sin embargo, al asociarse con el desmontaje de la trama de financiación de ETA, por encima de nosotros se ha vuelto a colocar el paraguas informativo. A veces el tratamiento mediático de todo lo relacionado con el terrorismo recuerda a esos mayores que bajan la voz en presencia de los niños cuando tocan un tema incómodo y así creen protegerlo, pero casi siempre el niño nota el cambio de tono y se alarma. Y si hay algo alarmante en este caso es la falta de datos, como si el conflicto de derechos fuera una materia viscosa, y no pudiéramos juzgar por nosotros mismos.

Si somos críticos con los norteamericanos cuando aplican la barrera informativa, sería lamentable que no pudiéramos exigir la misma madurez con nosotros mismos. A estas alturas todo ciudadano con decencia moral tiene una idea clara de lo que significa el terrorismo y no necesita que lo tutelen a la hora de informarse. Todo lo contrario, ese apagón contribuye a dar alas a los que no quieren que la democracia se desarrolle en el debate público. Por eso no tendría que ser tan trabajoso enfrentarse a los hechos problemáticos, que los hay. El director de Egunkaria, Martxello Otamendi, ha hecho fuertes acusaciones el jueves pasado en la entrevista de Elsmatins, que dirige Josep Cuní en TV-3. Aún puede recuperarse en la web de la cadena. En estos asuntos existe un desnivel informativo entre Euskadi y Cataluña y el resto del país, que sólo acrecienta la distancia. Los periodistas catalanes a veces recurren a un excesivo paternalismo cuando tocan asuntos relacionados con ETA, como si ellos tuvieran la medicina secreta para resolver el tumor, pero al menos contribuyen al enriquecimiento de la información mucho mejor que con el silencio. Así, cuando los telediarios se refieran a este juicio, que preside Gómez Bermúdez, a lo largo de la semana, no digamos con cierta pereza, ah, sí, otros etarras de paso por la Audiencia Nacional. Si algo sabemos con absoluta certeza es que la única receta para mejorar una democracia es más democracia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de enero de 2010