PUES NO ESTOY MUY SEGURO | OPINIÓNColumna
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Los existencialistas de Vic

Este país se desintegra. En Vic no cabe la gente. No caben tampoco en Torrejón de Ardoz. Vaya por Dios.

Blas de Otero escribió: "Un avión -qué cabrón- pasa por Torrejón". Hay versos que parecen apócrifos pero que se quedan más que los que cincela la mejor musa. Gerardo Diego tiene una oda al alfarero que dice: "Si Dios nos hizo de barro Dios bendiga mi cacharro".

Pero, a lo que iba. No cabe la gente en Torrejón. Ni en Vic. ¿Y en las afueras? ¿Y qué tal de llenas están las afueras de Torrejón? En mi pueblo, Canarias, se empezó a decir eso hace algunos años: aquí no cabemos más. Después iba uno y se encontraba con las llanuras despobladas, y pensaba: ¿Y aquí? ¿No cabrían aquí?

Eso se decía en las islas, sobre todo, cuando empezaron a venir las pateras llenas de inmigrantes. Llegaban y se iban, por cierto, pero sólo salían las fotos de las entradas de estos viajeros que ponen la vida en peligro para salvar la vida.

No creo haber contado aquí ese famoso chiste de los existencialistas y la reina de Inglaterra que visita Lisboa. La soberana recorría la capital portuguesa asesorada por un ministro luso. Cada vez que cruzaban ante una acumulación de chabolas, el diplomático se sentía en la obligación de explicarle a la reina: "Estos son existencialistas, majestad". Hasta que la ilustre paseante inquirió a su solícito informador:

-¿Por qué llama existencialistas a estos señores que no tienen donde vivir?

-Los llamamos existencialistas porque se empeñan en existir.

Así que de vez en cuando estos municipios y estas regiones decretan el existencialismo de nuestros visitantes forzosos, y se llenan las mentes, los corazones y los sacos de demagogia; de ahí salen esas frases con las que se arroja a las tinieblas exteriores, fuera del censo, por ejemplo, a los que tuvieron la desgracia de creer que ésta era una tierra de acogida.

Para los que conocemos poco de demografía, pero sabemos que aquí quien no fue peregrino no fue nadie, la actual ola de xenofobia disfrazada por leguleyos municipales nos huele a campaña electoral de la peor especie. De la especie que se incluye en el verso (que parece apócrifo: no lo es) de Blas de Otero. El poeta se refería a los aviones aquellos que representaban la dependencia española de las alas del amo del mundo occidental. Por ahí iban los aviones, qué cabrones; a veces la rima dice más que mil palabras, Blas de Otero lo sabía. Ahora en Torrejón parece que no caben ni los aviones. Como en Vic. Cuando acabe la actual campaña electoral inacabable y necesiten a los inmigrantes otra vez, los xenófobos municipales cambiarán de rima y se quedarán tan panchos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 24 de enero de 2010.

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