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Valencia ultima la organización de una regata menor en la 33ª Copa del América

A 23 días para que arranque la 33ª Copa del América Valencia ultima la organización del evento, que ya no puede ser tachado de macroevento pues quedará infinitamente lejos de los fastos exhibidos durante la 32ª edición, celebrada también en Valencia en 2007. Será una regata menor. Un duelo al mejor de tres regatas, pues los equipos, responsables de semejante mutación, no han logrado ponerse de acuerdo en nada. Una regata menor cuya organización recae íntegramente en las administraciones valencianas y el Gobierno español. De modo que, aunque esta vez no se paguen los 90 millones de euros de canon como en 2007, cabe destinar una cantidad de dinero, aún por confirmar.

La alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, admitió la obviedad el pasado diciembre: "La competición tiene un gasto". Un gasto que, apuntan algunas fuentes, la primera edil, presidenta del Consorcio, ha cifrado en entre 8 y 10 millones. Una cantidad que consideran desproporcionada en el Ministerio de Economía. No en vano, como advirtió ayer el delegado del Gobierno, Ricardo Peralta, las condiciones en que se celebrará la competición no son "las más idóneas para la ciudad", que no obtendrá grandes beneficios.

Los equipos no han atendido las peticiones que les formularon las tres administraciones de común acuerdo -alargar las regatas a un máximo de cinco o siete para enganchar el fin de semana y multiplicar la asistencia-. En cambio, deben conformarse con no más de tres regatas, "en días laborables y en el mes de febrero", insistió Peralta, quien, a pesar de todo, manifestó su apoyo a la prueba y su confianza en Barberá.

Aunque el acuerdo base ya se negoció hace un mes, cuando el Consorcio creado para la Copa del América -integrado por las tres administraciones: local, autonómica y estatal- se reunió con representantes de los dos equipos, Barberá, se descolgó ayer con la confirmación de que había cerrado un preacuerdo con la Sociedad Náutica de Ginebra, club al que representa el defensor de la Copa, el Alinghi, para la cesión de los derechos de la organización de la regata. Y es un preacuerdo porque necesita, como también admitió Ernesto Bertarelli, patrón del Alinghi, la "bendición" del Gobierno, desde donde ayer aseguraban desconocer los términos de dicho compromiso. Tampoco Barberá quiso desvelar ningún detalle "hasta que el Gobierno esté al corriente de todo".

Los representantes del Gobierno central lamentan que se aborden los temas relacionados con la organización de la prueba al margen del órgano rector del Consorcio, que Barberá aún no ha convocado, y que es el que debe aprobar el contrato para la celebración de la 33ª Copa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de enero de 2010