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Los países emergentes crecerán el triple que los avanzados hasta 2014

Las exportaciones y las reservas acumuladas explican las mejores perspectivas

Decoupling es una palabra con una extraña musicalidad, capaz de hacer bailar a Gobiernos y economistas chinos, indios y brasileños. Un vistazo a la historia sugiere que cuando Estados Unidos estornuda, el resto del mundo se resfría: en especial, el mundo en desarrollo. Eso ha valido en las cinco recesiones que van desde los años setenta hasta el cambio de siglo. Ya no. Al menos no con la misma intensidad. Los países emergentes -en especial los más relevantes: China, India y Brasil- no sólo no se han hundido, sino que han aguantado el chaparrón de la crisis mucho mejor que las economías avanzadas en general, y que Estados Unidos (origen y epicentro de las turbulencias) en particular.

El sureste asiático, con China a la cabeza, avanzará casi un 10% este año

Eso es precisamente el rumboso decoupling (en román paladino, desacople). Han salido reforzados de la primera gran prueba de fuego, la primera gran crisis de la globalización. Y dejan atrás la recesión como un tiro: su crecimiento multiplicará por cuatro el de los países avanzados en 2010: avanzarán un 5,1%, frente a un anémico 1,3% en el mundo mal llamado desarrollado. Y lo triplicará en el próximo lustro, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), que coinciden -grosso modo- con las de la OCDE, de Bruselas o de Washington (véase gráfico). Las reservas con las que se han pertrechado estos países tras las crisis anteriores y la mejora de sus exportaciones explican esa mayor resistencia a las dificultades.

Todas las tradicionales locomotoras económicas están en el taller de reparaciones. Estados Unidos sale de la recesión pero no está -ni mucho menos- en forma, con el déficit público disparado, el paro por encima de la barrera psicológica del 10% y sus desequilibrios -déficit comercial, baja tasa de ahorro- más moderados pero ni mucho menos domados. Japón vuelve a su endémica deflación -una caída de precios combinada con bajos crecimientos o ligeras caídas del PIB-, con la que pelea sin apenas resultado desde hace casi 20 años. Y la vieja Europa se enfrenta a un 2010 marcado por el estancamiento, y con varios incendios: el agujero fiscal en Grecia, el paro desbocado en España y el desplome de Europa del Este, que ha perdido pie con respecto a otras áreas emergentes. Y eso a la espera de que la mejora de la economía mundial se consolide y se apaguen los últimos fuegos en la industria financiera, porque no es descartable una recaída.

Asia, el sureste asiático, con China a la cabeza, es la gran esperanza blanca: el dragón chino volverá a crecer a tasas cercanas al 10% en 2010 y tira del resto de economías de la zona. El mercado asiático está rebotando a toda velocidad en una recuperación "impresionante", según el FMI, tras los latigazos de la crisis financiera y el hundimiento del comercio mundial en los últimos meses de 2008 y los primeros de 2009. Asia y Latinoamérica son el nuevo mundo: las dos regiones, capitaneadas por China, India y Brasil, protagonizan un movimiento telúrico en la economía mundial, cuyo centro de gravedad se va desplazando progresivamente.

"Cuando uno se pasea por una gran ciudad de China, por el sureste asiático, la sensación es que el futuro es suyo. La expansión en 2010 va a ser muy fuerte en China, en India, en Singapur, en Taiwan y en un puñado de economías muy exportadoras y con una demanda interna cada vez más fuerte. Y junto con Asia, América Latina ha cruzado una frontera en esta crisis, ha dejado atrás décadas perdidas y ha salido claramente reforzada. En ambas regiones hay excepciones, está claro, y enormes riesgos. Pero salen de la crisis como ganadores", resume Jesús Fernández-Villaverde, de la Universidad de Pensilvania.

La paradoja es que las crisis anteriores -efectos tango, tequila o samba en los años ochenta y noventa, crisis asiática en los últimos años del pasado siglo- son claves para explicar el buen manejo de la recesión actual. "En las crisis anteriores no tenían ninguna capacidad de reacción y se veían obligados a recurrir al FMI y sus fórmulas, que se revelaron claramente nocivas. Para evitar eso han acumulado grandes superávit comerciales y montones de reservas, y las han usado con estímulos fiscales y monetarios muy potentes, con excelentes resultados", apunta el economista José Luis Alzola.

El peligro ahora es que no retiren a tiempo esos estímulos y generen burbujas de activos y un aumento desbocado de la inflación. "Ése es el riesgo a medio plazo, pero en términos globales se compensa bien con las previsiones de estancamiento y muy baja inflación en los países desarrollados", apunta José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de enero de 2010