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Crítica:EN PORTADA | Libros del año

Destellos que aclaran el pasado

Las vísperas de la Guerra Civil española y la mirada atrás de varios escritores sobre sus vidas o su entorno más cotidiano son los temas predominantes entre los diez libros más destacados de 2009. La lista muestra variedad de géneros y a escritores que oscilan entre conocidos y de culto

2 La noche los tiempos

Antonio Muñoz Molina

Seix Barral. Barcelona, 2009

960 páginas. 24,90 euros

Aunque no debería existir ninguna razón particular para decidirse a leer una nueva novela de Antonio Muñoz Molina, confieso que me puse a leer La noche de los tiempos debido al anuncio de que en ella también aparecían personajes reales que tuvieron que ver con dos instituciones a las que he dedicado como historiador algunos esfuerzos, la Junta para Ampliación de Estudios y la Residencia de Estudiantes (el protagonista de la novela, el arquitecto Ignacio Abel, resulta ser uno de los pensionados de aquella junta). Sin embargo, a la postre no he encontrado mucho que haya satisfecho mis intereses profesionales. El mundo que construye Muñoz Molina coincide temporalmente, sí, con el que tuvo su núcleo en los Altos del Hipódromo, y se recurre a él en ocasiones, pero no recoge -tampoco parece que se haya pretendido- su plural realidad, que fue más allá de los, por otra parte no muy numerosos y bastante tópicos, personajes novelados aquí.

En lo que se refiere a la reconstrucción del turbio universo de esperanzas, desencuentros, dobleces, logros y fracasos que se fue configurando durante la Segunda República y, entonces ya con desesperanzadora brutalidad, la rebelión militar de julio de 1936, me cautivaron más, por su espontánea naturalidad, viejas narraciones como La forja de un rebelde de Arturo Barea, o algunas de las correspondencias recuperadas de aquel tiempo (por ejemplo, el Epistolario de Pedro Salinas, con quien Abel comparte ciertas situaciones).

Dicho todo esto, ¿por qué no he vacilado en continuar leyendo un texto de 958 páginas? La principal razón es la extraordinaria habilidad de Muñoz Molina como escritor. Sorprende su habilidad para volver, una y otra vez, con exagerada repetitiva constancia, a los mismos temas y detalles, a las, mil veces repetidas, obsesiones y engaños (a su familia sobre todo) de Ignacio Abel. Sorprende y admira, aunque también puede llegar a fatigar al lector, que con frecuencia tiene que esforzarse por no perderse siguiendo frases demasiado largas y puntillosas. Es una novela ambiciosa a la vez que desmedida. Una novela apasionada de amor en tiempos de guerra y de confusión. Una novela en absoluto "doctrinal en lo político" (más bien desesperanzadora), en la que el autor es al mismo tiempo el narrador que está siempre ahí, esforzándose por descifrar personalidades (uno de sus mejores logros) y por entender cómo fue aquel mundo que existió antes de que él naciera. Una novela, en definitiva, y por muchos que sean los peros que se la puedan, y deban, poner, admirable.

José Manuel Sánchez Ron

3 Indignación

Philip Roth

Traducción de Jordi Fibla

Mondadori. Barcelona, 2009

176 páginas. 17,20 euros

Marcus Messner es un joven judío que ingresa en un colegio universitario en su Newark natal. Es hijo de un carnicero que, a medida que su hijo crece, se obsesiona por proteger la vida del chico convirtiéndose en un maniático que lo agobia con toda clase de protecciones y prohibiciones. Marcus acaba huyendo a una universidad del Medio Oeste muy conservadora. Su vida en la universidad es brillante en cuanto a los estudios, pero de difícil adaptación social, lo que le acaba llevando al despacho del decano. El decano, un antiguo héroe deportivo y hombre de creencias tan firmes como limitadas, trata de doblegar el carácter solitario de Marcus con una mezcla de suavidad e incomprensión; y Marcus -que ha pasado de la presión de su padre a la del decano- estalla en defensa de su libertad en una escena memorable.

El asunto anejo es la muerte. La muerte la concibe el padre como la pérdida del hijo en el que tiene puestas todas sus esperanzas. En cambio, el hijo la teme porque desea tener tiempo de llegar a ser él mismo, de alcanzar el destino que trata de labrarse con una dedicación casi obsesiva al estudio. El telón de fondo es la inminencia del reclutamiento para la guerra de Corea, donde los jóvenes caen a cientos. En las novelas de Roth siempre emerge la indignación contra cualquier forma de manipulación del poder. Este libro es una muestra perfecta de ello y una soberana lección de literatura.

José María Guelbenzu

4 Aquí

Wislawa Szymborska

Traducción de Gerardo Beltrán

y Abel A. Murcia Soriano

Bartleby. Madrid, 2009

72 páginas. 15 euros

Bendito sea el año 1996, que puso la foto de Wislawa Szymborska en todos los periódicos del mundo, porque acababan de darle a ella el Nobel de Literatura y a nosotros la oportunidad de descubrirla. En los trece años que llevamos con sus libros, publicados en España por Hiperión, Igitur, Lumen, Columna y Bartleby, no ha dejado de crecer nuestra admiración por cada obra suya, que unas veces se titula Gran número o Gente en el puente, y otras Fin y principio, Instante o Aquí, pero que, en el fondo, siempre podría llamarse igual que su libro de 1954 Preguntas planteadas a una misma, porque eso es su escritura: meditación, búsqueda y análisis; es decir, una defensa contra la prisa y la brutalidad de este mundo en el que "la ignorancia tiene mucho trabajo, / todo el tiempo cuenta, compara, mide, / saca conclusiones y raíces cuadradas", y en el que sobrevivir consiste en lograr un equilibrio entre lo que ya se sabe y lo que es mejor fingir que no, para escapar del pesimismo. Esos versos pertenecen al primer poema de su último libro, Aquí, publicado por Bartleby, pero también lo son estos otros en los que Szymborska nos ofrece su medicina clásica contra el abatimiento, que es la inteligencia, y un truco para fomentarla, que es adoptar un estado de vitalidad irónica: "La vida en la tierra sale bastante barata. / Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo. / Por las ilusiones, sólo cuando se pierden. / Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo". Se puede saber que tenemos "caras de segunda mano" o que el único consuelo del pasado es "que pudo haber sido peor", y ser feliz pese a todo: ésa es su filosofía. Por fortuna, Szymborska ni deja de sonreír ni se rinde, como explica otro verso de este extraordinario Aquí: "El tiempo apremia. Escribo". No pare, por favor, doña Wislawa.

Benjamín Prado

5 Historia de mi vida

Giacomo Casanova

Traducción de Mauro Armiño

Atalanta. Gerona, 2009

Dos tomos (3.648 páginas). 120 euros

Tal vez hay que ser un animoso hombre de acción, un cómplice de la realidad, un gozador de sus privilegios -si se ha nacido en el siglo XVIII-, para poder proclamar, como hizo Giacomo Casanova, el descrédito de la ficción y el favor de la ciencia. La aseveración le cuadraría bien a aquel libertino si su nombre sólo se asociara a la creación de la lotería nacional francesa, o a sus facetas de agente financiero, militar, espía y jugador empedernido. Pero fue también mago, alquimista, filósofo, violinista, un artista de la seducción y acaso un hombre distinto en las innumerables ciudades que visitó. Un hombre que encarnó en su época la leyenda del vigor y la aventura y que sufrió minuciosamente la afrenta de la soledad y la vejez. Dijo que no le gustaban las novelas y creó, con la materia de su vida, el personaje novelesco más extraordinario de su tiempo. Lo que haya en su autobiografía de falsedad o de invención -y no es poco, a juzgar por las numerosas aclaraciones a pie de página, que no impugnan la verosimilitud del relato-, no cabe achacarlo a olvido o engaño, sino a la tentación de agradar, que en Casanova tiene el imperativo del placer, incluso cuando se autorretrata (a nuestros ojos) de un modo reprobable, o sea, como un canalla. Con esta edición de Historia de mi vida, por primera vez completa y prolijamente anotada, al lector audaz se le brinda la ocasión de rememorar las vidas probables que se pueden vivir, o sentir la energía de la imaginación de quien ha vivido mucho.

Francisco Solano

6 Sudeste

Haroldo Conti

Bartleby. Madrid, 2009

242 páginas. 18 euros

La lectura de Sudeste (1962), primera novela del desaparecido escritor argentino Haroldo Conti (1925-1976), nos arrastra por una travesía tan zigzagueante y esquiva en lo episódico como inquietante y honda en su repliegue existencial.

Sudeste narra la vida en el Delta del Paraná y nos descubre un paisaje casi virginal aunque tan cercano a la metrópolis, y escenarios que parecen derruidos y podridos y vacíos pero que están repletos de vida: vegetal, animal y humana. Y de muerte.

Vemos aquí la menuda vida cotidiana de los sedentarios que trabajan en los juncales o el trasiego de los que comercian y el pulular de pícaros y hampones que merodean por las orillas y los márgenes. Y sobre todo vivimos la vida en el río, cuando el Boga decide reparar un destartalado bote y emprender su personal navegación por esas aguas. Y acompañando a este vagabundo romántico y robinsoniano sabremos cómo el río cambia y cómo cambia de distinto modo según las estaciones; notaremos la profunda simbiosis entre hombre y río, y las sensaciones y sentimientos y certezas que ella inspira o propicia; veremos desatarse sus fuerzas -ese viento, el sudeste-, y conoceremos también la perturbadora extrañeza que puede sobrevenir "porque el río teje su historia y uno es apenas un hilo que se entrelaza con otros diez mil". Hasta anegarnos en el fatal desenlace, porque la maldad vive también en el alma del río y madura en el letargo del invierno.

Hay en Sudeste epopeya, lirismo y tragedia (y también humor) tamizados en el crisol de una maravillosa y dificilísima sencillez, esa que según Azorín consiste en colocar una cosa detrás de otra: "Comenzaron a despuntar los sauces. La línea de las islas se oscurecía. Sintieron en sus cuerpos esa vaga inquietud que acompaña al cambio. Una especie de zozobra. Un desvelo".

Ana Rodríguez Fischer

7 Un armario lleno de sombras

Antonio Gamoneda

Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores

Madrid, 2009

184 páginas. 18 euros

Antonio Gamoneda (1931) escribió que "la poesía es el arte de la memoria". Leer Un armario lleno de sombras es una manera de vivir esa ley, aunque la poesía no se imponga en este austero y luminoso libro desde las exigencias del metro y el ritmo. Sí está la poesía entre las líneas de su sustancia narrativa. Poesía y memoria a la búsqueda de la infancia perdida. Gamoneda escribe este libro para recuperar lo que durante años olvidó. Esa operación la lleva a cabo desde variadas incertidumbres: sombras las llama el poeta leonés. Sombras que porfían ahora en la vejez y se hacen relato de una infancia, pero también de una época, de un régimen, de una miseria colectiva, de la pobreza familiar, del miedo y la arbitrariedad ultrajante de los vencedores. Siendo poeta como es Antonio Gamoneda, siendo el gran poeta que es, este libro se concibe bajo la cadencia de la prosa narrativa. En un artículo el autor de Arden las pérdidas valoró la poesía en Las palmeras salvajes de William Faulkner. La memoria de la propia infancia qué otra cosa puede ser sino una novela sobre la infancia. O un poema.

Compartiendo la felicidad de este libro con Jesús Marchamalo, él se quedaba con una imagen del mismo: los zapatos de la abuela del autor que su madre convierte en los zapatos del niño para poder ir a la escuela. Yo también: y agrego esta frase que se graba: "Se hizo costumbre cívica apalear a la gente sin distinción de género ni edad". Libro de tristezas corporales, para decirlo con palabras del propio poeta. Leído Un armario lleno de sombras, uno no puede dejar de recordar aquella frase de Joseph Joubert: "Están los que recuerdan su infancia y los que recuerdan el colegio".

J. Ernesto Ayala-Dip

8 Cartas

Emily Dickinson

Traducción de Nicole d'Amonville Alegría

Lumen. Barcelona, 2009

320 páginas. 21,90 euros

Un espíritu más oscuro es la expresión que Emily Dickinson (1830-1886) utilizó en varias de sus cartas para referirse a la poesía y al amor, que relacionaba con la brujería y que contraponía al espíritu divino del puritanismo en el que fue educada. A ese espíritu se dedicó con una intensidad sin parangón entre sus contemporáneos. Dickinson es la más grande poeta norteamericana y una de las voces líricas más valiosas de toda la literatura occidental. Su estilo singularísimo no admite comparaciones, pues está forjado a partir de los trazos, a menudo contradictorios, de su poderosa personalidad. Las lecturas repetidas de la Biblia y de Shakespeare; su condición de mujer; su temperamento apasionado; la religiosidad de su familia; su sumisión a la figura paterna y, pese a ello, su libertad de pensamiento; la creciente conciencia de su calidad poética, su humor fino y juguetón; su soledad buscada que le llevó a enclaustrarse en casa, vestida de blanco y sin dejarse ver por las visitas; el amor a la naturaleza, en el que cabían tanto las más pequeñas criaturas como el firmamento; y su obsesiva búsqueda de una verdad trascendente que perseguía a través de la percepción, conforman los rasgos principales de su carácter. De su luminoso talento dan cuenta su obra poética y su abundante epistolario, que cultivó con la misma exigencia. El extraordinario acierto de la presente antología, primera de sus características en español, reside tanto en la calidad de las 101 cartas reunidas como en el hecho de que, al abarcar toda su vida, traza una íntima y exacta biografía suya.

Marcos Giralt Torrente

9Aquí empieza nuestra historia

Tobias Wolff

Traducción de Mariano Antolín Rato

Alfaguara. Madrid, 2009

300 páginas. 21,15 euros

En Mortales, uno de los mejores cuentos de esta colección donde hay más de un puñado de obras maestras, uno de los atribulados hombres de Tobias Wolff le dice a un redactor de Necrológicas esta banalidad: "Uno puede ser buena persona sin ser famoso. Las gentes con grandes apellidos no siempre son grandes personas". "Eso es verdad", responde el redactor, "pero es una especie de verdad para las personas sin importancia".

En Aquí empieza nuestra historia, esa frase distraída tiene el lugar de una poética. Como los de Chéjov, los cuentos de Wolff se fijan con intensidad insoportable en las pequeñas vidas de la gente pequeña, y al final encuentran en ellas una revelación inmensa que lo sacude todo. El gran arte de Wolff es su habilidad para escoger el momento neurálgico en que sus personajes se ven -o más bien se chocan- frente a frente con las consecuencias de sus actos: en eso, por lo menos, son cuentos morales, con toda la carga de la condenada palabrita. Son cuentos, también, sobre el engaño: en todos ellos hay una gran mentira, ya sea que el personaje se la diga a los otros, ya sea que se la diga a sí mismo. Pero lo que separa a Wolff de otros grandes de su generación -léase Carver, léase Richard Ford- es su variedad de registros. Dentro de la forma ascética del cuento realista, este autor es un virtuoso. Aquí empieza nuestra historia puede leerse (también) así: como un catálogo de su virtuosismo.

Juan Gabriel Vásquez

10 Mitologías de invierno.

El emperador de Occidente

Pierre Michon

Traducción de Nicolás Valencia

Alfabia. Barcelona, 2009

166 páginas. 22,88 euros

Una tarde hermosa. Un viaje en tren. Una librera magnífica y una recomendación. El descubrimiento. Así, hace unos años de regreso a mi ciudad y con el paisaje rojo del atardecer que enfebrecía el vagón, me encontré con Pierre Michon conjurando palabras que emanaban de un libro esplendoroso, Historias minúsculas. Allí estaba yo, presa en regocijo, atendiendo noticias de Cards, el lugar donde el escritor había nacido. En la memoria, una imagen de mujer con niño en brazos. Detrás de ella, André Dufourneau. En aquel libro, Michon narraba sobre vidas mínimas que dibujaban el mapa de un territorio ignoto y cuya escritura me deslumbraba. Este año, y también en otra tarde de tren, me alcanzó de nuevo Michon con Mitologías de invierno. El emperador de Occidente, y el vagón se convirtió en ese lugar del libro donde confluyen las ventajas del abismo y del desierto, "mazmorra universal y cima del mundo". Y hasta allí se fueron acercando en prodigiosa peregrinación las tres hijas del rey de Leinster. Patricio, el galo apátrida, asomando su rostro entre la vegetación para contemplar los cuerpos desnudos de las muchachas. Vino Enimia, la nieta de Fredegunda y llegó Hilarius, el obispo que deja báculo y mitra. Y un monje anónimo que escribe sobre pergamino de ternero. Leyendas. Irlanda, el causse de Sauveterre. La guillotina. Vidas de santas. Mitologías de invierno. Páginas más tarde, El emperador de Occidente. Dos que hablan, el anciano Prisco Atalo, músico, emperador exiliado, y el joven Aecio. Y estuvo el mar y sus travesías largas donde se teme recordar. Batallas. Roma. Hunos, alanos. Mano incompleta que ya no tañerá la lira. Alarico, su gran espalda, la pelliza. Placidia. El pasado. Ahora Aecio en el barco agitando el manto sobre su cabeza para señalar la despedida. Y sobre aquel embriagador despliegue, la mirada perpleja, asombrada de esta lectora ganada desde hace tiempo para la causa de Michon. Nombrar Mitologías de Invierno. El emperador de Occidente es invocar al genio, peregrinar el enigma y el prodigio. Tengo la impresión de estar de nuevo aprendiendo a leer. También digo de mi impaciencia, pues espero el conjuro de más tardes hermosas y rojas.

María José Obiol

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de diciembre de 2009