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La cumbre de Copenhague

La organización pide perdón por el caos y suprime miles de acreditaciones

Llegan los jefes de Estado a la Cumbre del Clima de Copenhague y a la vez salen por la puerta los observadores, principalmente ONG y sindicatos. La solución encontrada por Naciones Unidas para evitar el colapso del centro de conferencias de las afueras de la ciudad, el Bella Center, ha sido reducir las acreditaciones de las organizaciones sociales de 21.000 a 7.000, y seguirá recortando, hasta que el viernes sólo queden cerca de un centenar. En el caso de Greenpeace, la delegación se ha reducido de 200 ecologistas a 50, y seguirá menguando. "Desde hace meses hemos estado reclamando la participación de los líderes mundiales y ahora hay que entender las limitaciones, pero la reducción de los observadores ha sido extrema y radical", comentaba Antonio Hill, asesor en cambio climático de Intermón Oxfam. "Nuestra preocupación es que cuando salgan resultados del proceso vamos a ser muy pocos para analizarlos y valorarlos", lamentaba.

Al mismo tiempo, ayer se reproducían las colas en la entrada del centro de conferencias y se cerraba incluso la estación de metro más cercana para evitar que fueran a más las masificaciones. "Yo soy el culpable. No puedes meter un pie de la talla 44 en zapato de la talla 30. Tenemos un centro de convenciones en el que caben 15.000 personas y hay 46.000 que quieren estar aquí. Eso es físicamente imposible e inseguro", reconoció Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la Convención sobre Cambio Climático de Naciones Unidas. "Supongo que pudimos parar las acreditaciones, pero pensé que la gente entraría y saldría de la cumbre y que algunos estarían sólo una semana. Así que decidimos acreditar a todos".

La española Mar Asunción, de WWF, es una de las que tiene que salir, como otros 90 de su organización, aunque explica que irán rotando los pases para poder entrar de vez en cuando. "No estamos nada contentos de que hayan reducido a los observadores, nosotros somos el reflejo y la voz de la sociedad civil", comenta desde fuera del Bella Center. "Es importante que los políticos sientan la presión y ahora van a tener menos presión", dice. "Aquellos que veníamos a hacer un seguimiento de nuestros gobiernos no vamos a poder estar ahí de continuo", puntualiza la ecologista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de diciembre de 2009