Análisis:EL ACENTOAnálisis
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El cráneo de Hitler

Un grupo de científicos estadounidenses ha asegurado que el cráneo y la mandíbula de Hitler, que se guardan en Moscú, son falsos. Y se ha armado. Los rusos han respondido que de dónde vienen con esos cuentos. El episodio tiene miga. Cuando las tropas soviéticas tomaron Berlín en 1945, una de las mayores obsesiones de Stalin era la de atrapar también, y sobre todo, los restos de su mayor enemigo. Quería confirmar, fuera de toda sospecha, que había muerto, y se afanaba también para que sus restos no fueran a caer en manos de quienes podían convertir esos despojos en un símbolo, en un arma de combate, en eventual lugar de peregrinación e idolatría.

La búsqueda del cadáver del Führer se convirtió así en una obsesión. El 3 de mayo los sabuesos soviéticos encontraron los cadáveres de los hijos de Goebbels y, poco después, se descubrieron los restos de un hombre "con bigotito de cepillo y flequillo en diagonal", cuenta Antony Beevor en su libro sobre la caída de Berlín. Aquel tipo, sin embargo, tenía los calcetines zurcidos y todos estuvieron de acuerdo en que Hitler "no habría llevado nunca unos calcetines remendados".

El día 5 aparecieron los cuerpos carbonizados de Hitler y Eva Braun. Una ayudante del dentista del Führer examinó la mandíbula: sin duda era él. Lo supo por el puente que le había practicado el odontólogo. El cuidado fue, desde ese momento, exquisito. Se guardó la mandíbula en una caja de satén rojo, de la que se responsabilizó a un cargo de confianza. No debía abandonarla ni siquiera cuando saliera de copas.

Moscú protegió con uñas y dientes los restos del mayor enemigo de Stalin hasta un día de 1970 en que se quemaron en Magdeburgo con el mayor de los secretos. Las cenizas se tiraron al alcantarillado, pero se guardaron las mandíbulas y el cráneo, de los que se ocuparon los servicios de seguridad del Estado. Ahora, cuando EE UU reconoce vital atrapar a Bin Laden, unos científicos defienden que, gracias a pruebas del ADN, han determinado que aquel cráneo y aquella mandíbula pertenecieron a una mujer de 40 años. Con lo que ha vuelto la hipótesis más disparatada: que Hitler terminó sus días tumbado en una playa de América Latina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 12 de diciembre de 2009.

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