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COLUMNA

Hoy libro

Los chistes sobre el inglés mal traducido son infinitos. Uno de ellos lo contaba Segundo Grandío: libro = book; libras = pounds; cuándo = when; sábado = saturday. Si la pregunta es "¿cuándo libras?" y la respuesta es "libro el sábado", la traducción es obvia: "When pounds?" "I book on saturday". Algo así como "hoy libro" (o sea, "hoy tengo el día libre") deben de haber pensado en la Televisión de Galicia eliminando el programa Libro Aberto y sustituyéndolo por pequeños spots promocionando un libro al día entre los deportes y el tiempo. Esto se parece a la campaña del franquismo que decía: "Un libro al año no hace daño; pero es costumbre más sana un libro cada semana". Nuestra tele añade: "Y es más necesario obituario un libro a diario". In illo tempore -hoy ni se sabe- se trataba de que el televidente español se acostumbrase a leer en castellano -una defensa de La Patria- y para ello se creó toda una colección -la de RTVE- en la que había y cabía de todo, empezando por La Tía Tula de Unamuno y siguiendo por la adaptación novelística del guión de 2001: Una odisea en el espacio que escribieron Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke para la película del mismo título.

TVG sustituye 'Libro Aberto' por 'spots' que promocionan un libro al día entre el tiempo y los deportes

Una televisión pública del año 2001 tiene ciertas obligaciones y una de un país con idioma propio tiene otras que aún lo son más. Para empezar, la difusión del gallego no puede estar en la traducción de los interminables cacareos de pseudoperiodistas increpando a Julián Muñoz por chorizo durante tres horas. Para continuar, se trata más de divulgar que de difundir (que rima con confundir) y eso incluye a esta industria editorial que tan muda permanece o se la hace permanecer. Que tardase tantísimos años en llegar a la televisión pública en Galicia un programa de libros es de por sí pelín raro, pelín sospechoso y/o pelín lamentable. Pero, como no nos cortamos ni un pelo a la hora de programar, pues henos aquí -henos de Pravia- repartiendo pequeñas moléculas televisivas para compensar esas carencias ancestrales que parecía que íbamos solucionando aunque fuera en horarios intempestivos y de mucha intemperie. Poco se puede pedir de los medios de comunicación de masas financiados con dineros públicos cuando desatienden a sus propios, digámoslo así, guionistas. La publicación de libros en Galicia -escritos en gallego, en castellano o en arameo- es una parte de una industria cultural (la muda) que necesita atención oficial urgente; bien sea por lo minoritario del idioma, bien sea por lo minúsculo del negocio. Poner en duda la utilidad de un espacio de libros a la hora de diseñar una programación es como poner en duda la utilidad de una televisión pública a la hora de programar productos audiovisuales -en versión original gallega, en versión doblada o en versión subtitulada- posteriores a El cantor de jazz, que fue el film en el que se asociaron imagen y palabra por primera vez y el mundo de la comunicación cambió para siempre.

En la serie británica Little Britain hay un sketch en el que un hipnotizador -Kenny Craig se llama el personaje- duerme a todos sus espectadores sugestionándoles de tal forma que, cuando despierten, estarán convencidos de haber asistido a un espectáculo memorable. El hipnotizador aprovecha el rato para tragarse una novela barata (un paperback) y, antes de despertar al personal, cierra el libro suspirando en voz alta y sin que nadie le escuche: "¡Oh, claro! Estaba en el ejército...". Una vez despertado, el público aplaude a rabiar y el tipo se larga tropezando por el escenario. Algo así pretende nuestra televisión pública con estos spots diarios de libros. Y va a conseguir un efecto parecido al de los anuncios de perfumes, colonias y fragancias para las fiestas que se nos avecinan: básicamente aplaudiremos el anuncio renunciando al contenido. Y esto, entre otras cosas, será porque no sabremos distinguir entre un poco de pasta basta y Silabario da Turbina. El libro que lee Kenny Craig en Little Britain (sin traducción al gallego) será el libro que leeremos todos estas navidades. El libro que leerán nuestros nietos en 2031 será el catálogo de Ikea. Y eso con suerte y el día que libren.

julian@discosdefreno.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de diciembre de 2009