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talentos

África en Canarias

Nontsikelelo Veleko rompe los clichés de la inmigración

Las Palmas de Gran Canaria

La fotógrafa surafricana Nontsikelelo Veleko (Johanesburgo, 1977) está cansada de ver retratada la pobreza que sufre la mayor parte del continente africano. No soporta ya ver contrapuestas una naturaleza deslumbrante con el horror de la miseria. No quiere ver más bellas estampas dedicadas al sufrimiento. Lo que Veleko quiere dar a conocer es esa otra África llena de tipos cosmopolitas, amantes de la música y la poesía. Los suyos, son retratos de personas que podrían estar en cualquier parte del mundo. La diferencia es que sus protagonistas son negros y están llenos de vida y esperanza.

La sede de Casa África en las Palmas de Gran Canaria expone hasta el 19 de febrero Bienvenidos al Paraíso, los retratos de los africanos integrados en la vida cotidiana de las islas Canarias, una retrospectiva en la que se reúnen trabajos de los últimos años de esta artista junto a una colección de retratos de africanos asentados en las islas: algunos llevan décadas instalados en Canarias y otros viven el después del desembarco en el cayuco.

La fotógrafa quiere mostrar a tipos cosmopolitas, amantes de la poesía

Las fotografías hechas en Canarias son el resultado del taller que durante un mes realizó en Las Palmas con quince personas, algunas de ellas son menores del centro de acogida de Vaselquillo. Los inmigrantes posaron y contaron su vida para ella en un vídeo y la fotógrafa les enseñó el manejo de la cámara. "Nunca he buscado imágenes antropológicas. Ni de desastres Para eso están los periódicos. A mí me interesa contar la vida en las ciudades. Me fascinan los chicos cantando hip-hop, ver cómo se mueven en las calles pintando graffitis, dónde se divierten por la noche. Son subculturas dentro de la ciudad. Iguales en todas partes".

Su método de trabajo es sencillo. Si ve a alguien que le llama la atención, le aborda y le pide permiso ("eso siempre", recalca). Después hago las fotos. Usa tanto cámaras analógicas como digitales. Y le da lo mismo el color que el blanco y negro. Toda una sala son autorretratos que parecen sacados de Vogue. "No es por narcisismo", asegura esta mujer guapa y elegante. "Empecé haciéndolo como ejercicio en la Escuela de Fotografía y luego he seguido". ¿Se ha negado alguien a posar? "Muy pocos. Sólo alguno ha considerado que su islamismo no lo consideraba adecuado".

Delante de su objetivo desfila gente procedente de Malí, Gambia, Senegal, Marruecos, Cabo Verde o Guinea. Uno de ellos es Diarrá, nacido en Malí. Llegó en patera desde Mauritania hace un año y vive en el centro de acogida hasta que consideren que ha cumplido la mayoría de edad. Entonces, será devuelto a su país. Pero, mientras, quiere aprender hostelería para tener un oficio en su país. Ante la cámara cuenta que tiene amigos y amigas, que le gustan mucho las islas y cree que lo que ocurra con su vida es cosa de Dios.

En el otro extremo, está María, nacida en Guinea hace 60 años y perfectamente asentada en Las Palmas desde 1988. Madre de tres hijos, trabajó como auxiliar de enfermería hasta 2003. Tocada con un turbante a juego con el vestido de estampado tradicional africano, dice que se apuntó al taller de fotografía porque le gusta convivir con jóvenes y aprender de ellos.

Elvira Dyangani Ose es la comisaria de la exposición. Explica que el objetivo de la muestra era desmontar los clichés formados alrededor de la emigración. Las fotografías realizadas aquí tienen mucho en común con las hechas anteriormente en Johannesburgo y Ciudad del Cabo. "El paisaje no es identificable. Al fondo, puede estar cualquier ciudad. Lo que importa es el ser humano que está delante de la cámara. He querido que se viera que la localización es lo de menos. El lugar puede ser cualquiera. Los chicos que aparecen reinterpretan la moda que se puede ver en cualquier ciudad. Se trata de darse a conocer a partir de una realidad compartida y universal".

Un modelo de integración puede ser Mohamed. Nació en Guinea en 1974. Llegó el 18 de mayo de 2003 en un viaje de trabajo para la empresa de su país con la que entonces trabajaba. Se quedó y es el representante de la Asociación de guineanos en las islas. Cuenta que ha adoptado la cultura canaria y pide que se haga lo mismo con ellos. "Pido que la gente sepa quienes somos. Para ayudarnos es necesario conocernos mutuamente. Debemos darnos la mano y resolver los asuntos pendientes".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de diciembre de 2009