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CARTAS AL DIRECTOR

Descargas ilegales

Tengo 50 años y quiero decirle a Luis E. Aute que en los años setenta, cuando yo era solamente un adolescente, mis amigos y yo teníamos sus canciones grabadas en cintas de casete. No recuerdo quién era el que tenía el original, si es que alguno lo tenía. Solamente recuerdo que nos copiábamos los temas sin sentir jamás que hacíamos daño alguno a su intérprete y compositor. La piratería musical era un concepto desconocido entonces y, en cualquier caso, creo que todos compartíamos la sensación de que al copiarnos las canciones estábamos demostrando nuestra devoción hacia el artista. Tener sus cintas era una marca de identidad. Aunque no creo que ni nosotros mismos supiésemos bien lo que éramos.

Desde entonces hasta hoy he ido a infinidad de conciertos de Aute, y he pagado con gusto por verle actuar en directo. No tuve jamás, ni tengo ahora, la sensación de haberle privado de nada, ni de haberle robado nada. Más bien al contrario, siempre pensé que al reproducir su música le hacía publicidad.

Todos estos recuerdos me han asaltado de pronto al imaginarle hoy en Madrid, clamando soluciones contra la piratería y afirmando junto a otros compañeros del sector que la música es cultura, aunque curiosamente no hayan ido a entrevistarse con la ministra de ese departamento, sino con el ministro de Industria y Comercio. Dicen que la música puede desaparecer en cinco años. La verdad es que la música no desaparecerá jamás, porque efectivamente es cultura y forma parte de nuestra identidad como seres humanos. Lo que tal vez sí pueda y deba desaparecer es el negocio tal y como está montado, o al menos tendrá obligatoriamente que adaptarse. No nos engañéis y no dejéis de llamar a las cosas por su nombre. Mucha suerte con vuestro negocio, y muchas gracias a Aute por aquellos años maravillosos en los que escucharle era de verdad cultura y, al contrario que hoy, todo un placer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de diciembre de 2009