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COLUMNA

Felicidad o tragedia

Al principio de esta Liga, viendo cómo los dos supuestos colosos, Barça y Real Madrid, ganaban de calle sus primeros partidos, se llegó a pensar que no perderían nunca un solo punto con nadie y que la competición sería la más igualada y más monótona de toda la historia. Pero había en esta perspectiva de tedio algo que no cuadraba y llevaba a pensar en unas palabras de Maradona en los años 80: "En el fútbol español, cuando el Madrid va bien, el Barça va fatal, y viceversa. Nunca se ha visto algo distinto".

¿Por qué iba a ser diferente este año? Lo más sensato era suponer que, aun en el caso de que Barça y Madrid conocieran triunfales trayectorias simétricas hasta el final de la competición, siempre uno de los dos, aunque tan sólo fuera ligeramente y por un mínimo detalle, acabaría saliendo mejor parado de una eventual comparación, dejando al otro de inmediato hundido en una crisis.

Este Barça, que ha sido configurado con una moral para no hundirse, parece tener despejado el porvenir

Barça y Madrid no pueden ser felices al mismo tiempo. Aunque la diferencia sea minúscula, uno de los dos ha de ser superior al otro. El primero en tropezar este año fue el Madrid, con su derrota en Sevilla, que levantó de inmediato el fantasma de una crisis. El Barça, por su parte, tuvo el bache del Rubin Kazan, y sus enemigos llegaron a hablar de fin de ciclo. Por la misma regla de tres, la derrota del Madrid en Alcorcón provocó que en Barcelona les devolvieran vengativamente el agravio del fin (un fin de ciclo en este caso que, de haber sido cierto, habría hecho ostentar al Madrid el récord del ciclo más breve de la historia del fútbol).

El calendario de esta temporada, como dice Sergi Pàmies, ha sido diseñado por un psicópata. El Barça de Pep Guardiola es uno de los más afectados por este trazado trastornado. En realidad, ya tiene mérito el Barça manteniéndose invicto en la Liga, en una competición de calendario abiertamente neurótico que, cuando lleva el corto periplo de sólo once jornadas, ha padecido ya tres severas interrupciones. Guardiola da la impresión de haberse resignado a los soplos dementes de la temporada psicótica. Es como si pensara: se hará lo que se pueda, o lo que nos permita ese lunático enemigo del fútbol.

A pesar de que el zumbido mediático, con su dinámica incombustible del "partido del siglo", concede prioridad al clásico del domingo, el Barça no da la importancia habitual a su partido con el eterno rival y sí en cambio al que debe disputar con el Inter, donde se juega su continuidad en Europa. Este Barça, que ha sido configurado con una moral para no hundirse, parece tener despejado el porvenir (Laporta no tanto) y debe a Guardiola confianza en sus fuerzas y tranquilidad inédita. El Madrid, por su parte, anda buscando calma, pero se prevé que, de encontrarla, cualquier tropiezo podría echarla a perder. Desde hace ya un tiempo, el Barça vive en momentos que están siempre más allá del momento. Me llamó la atención que Pep Guardiola, cuando se produjo la crisis del Rubin Kazán, se limitó a decir que, pasara lo que pasara en los siguientes partidos, no pensaba renunciar a su estilo. El Barça tiene un programa para mucho tiempo y se muestra capaz de capear cualquier posible contrariedad. Haber perdido en Bilbao el liderato, por ejemplo, no es ningún drama. "No me preocupa nada estar detrás del Madrid", dijo Guardiola, a quien lo que realmente le preocupa sobre todo es que sus futbolistas sigan jugando "mejor que el año pasado", es decir, que sepan cada día mejor lo que han de hacer en cada situación y tomen mejores decisiones para el equipo que la pasada temporada. Puede que un día vuelvan a jugar con brillantez, pero mientras tanto el equipo, a pesar del trazado psicópata de la Liga y otros problemas, aguanta el tipo gracias a sus automatismos.

Todo esto no quiere decir que, a pesar de que al Barça le preocupa ante todo el Inter, algunas cosas no cambian nunca, y una de ellas permanece inalterable de cara al domingo. Barça y Madrid no pueden ser felices al mismo tiempo. Por tanto, caerá de un lado o del otro, pero es evidente que en el horizonte de esta semana se masca una sola tragedia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de noviembre de 2009