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"Cinco minutos, tengo otro cliente"

Un antiguo burdel de la calle de la Ballesta acoge el estreno de 'Por dinero', 13 obras de teatro sobre prostitución

"Lo normal es no querer saber lo que pasa aquí dentro", asegura Tasha a uno de sus clientes. El antiguo prostíbulo de Ballesta 4 abre sus puertas de nuevo -sesión hoy a las 19.00- para mostrar historias de sexo y conflictos. Un grupo de creadores, liderados por Miguel Alcantud, presentan Por dinero, 13 microobras teatrales que ocurren a la vez en un lupanar donde el cliente puede elegir si quiere descubrir el secreto de Mary Rose, compartir la angustia de Eric o bailar hasta el amanecer con Cristal.

¿Con quién te apetece esta noche? Preguntan en una salita mientras señalan una pizarra: Amy, Fernanda, Luisa, Noname... Son las 13 prostitutas disponibles esta noche. Por un euro puedes pasar entre 5 y 10 minutos con alguna de ellas y visitar en parejas, tríos o cuartetos -según aforo- cinco habitaciones. Los nombres no dicen nada, no dan pistas sobre el guión que esconden pero las paredes de la casa de citas sobrecogen por sí mismas. Fue el espacio lo que inspiró a Miguel Alcantud a crear esta iniciativa teatral. "Tras visitar La Maison de la Lanterne Rouge [nombre del local recuperado] comencé a pensar. Busqué un grupo de autores y actores y les di tres premisas: contar historias de prostitución, que fueran cortas y que no cayeran en lo fácil".

Amor, risas, maltrato o trajes de época se suceden en los habitáculos donde se puede vivir desde una morbosa discusión entre un atractivo chapero, Yon González (El internado), y su atormentado cliente, Carlo d'Ursi, hasta la desazón de una mujer que, en lugar de pagar por sexo, paga por los consejos de una meretriz. "Como actor es una experiencia tener al público casi tocándote. Están ahí y no puedes parar porque, como en el prostíbulo, si hay clientes tienes que hacerlo, estés cansada como estés", explica Ana Risueño (Cuéntame cómo pasó) tras haber actuado 16 veces en tres horas el viernes, día del estreno.

Los espectadores no paran de llegar. La cola casi alcanza la plaza de la Luna, donde en los ochenta casi 400 prostitutas recorrían esta cara B de Gran Vía. Ahora, la zona intenta establecerse como el Soho madrileño. La asociación comercial Triball comenzó en 2003 a adquirir locales del barrio para realquilarlos a jóvenes creadores. Aunque han tenido críticas, insisten en que quieren mejorar la zona. "Nos han cedido gratis el local para representar este fin de semana y el siguiente [18, 19, 20 noviembre a las 19.00] y hemos implicado a más de 50 personas que trabajan sin cobrar. Iniciativas como ésta cambian el barrio", explica Amalia Castro Villacorta, productora del evento.

Lo que ocurre en La Maison juega con el realismo pero no deja de ser ficción, mientras que fuera la prostitución camina sobre las calles, ahora peatonalizadas. "Impacta ver las obras aquí. Los actores te meten en su vida y te lo crees", exclama Inés Goya, de 29 años. La voz de un portero la interrumpe: "La cinco está libre". Un grupo se mueve en la penumbra para entrar. Entre ellos, María Gracia, de 60 años, que, aunque al salir resalta la crudeza de la obra, demanda otro servicio. "Quiero implicar al espectador, que se sienta como un voyeur", explica Sergio Candel, que se estrena en la dirección teatral. Su primera vez. Siempre hay una para todo, incluso para ver teatro en un burdel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de noviembre de 2009