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Reportaje:

El mundo que habla francés

El Liceo se prepara para celebrar su 125º aniversario en Madrid

Una institución docente, el Liceo Francés, imbricada hondamente en la vida pedagógica y cultural madrileña, cumple 125 años en 2010. Por ello se apresta a festejar su onomástica. La primera tarea será la de restañar su propia memoria, que se remonta a 1885 y a un pequeño piso de la calle de Santa Isabel, 4. Allí se impartieron las primeras clases para una cincuentena de alumnos. Hoy son 3.945 estudiantes, de entre tres y 18 años, los que reciben una enseñanza selecta de 290 profesores y un centenar de empleados.

El Liceo Francés de Madrid, el más grande del mundo, se encuentra en el parque del Conde de Orgaz, al noreste de Madrid. Cinco bibliotecas, con cerca de 50.000 títulos, componen parte de su patrimonio, así como un teatro central, de inminente reforma, salas con un soporte informático de hasta 500 ordenadores, videoterminales, proyectores, pantallas interactivas y pizarras electrónicas, así como instalaciones deportivas.

El discurso laico y didáctico de la escuela es una referencia en Madrid

La mitad de sus alumnos está compuesta por franceses o personas procedentes de la francofonía y la otra mitad, por españoles. Idiomas, ciencia y deporte componen la tripleta didáctica que se aplica en sus aulas, con no más de 30 alumnos.

De 1885 hasta hoy varias decenas de miles de estudiantes fueron adiestrados para vivir en sociedad según unas pautas que Pierre Mondoloni, padre de cuatro hijos, director del Liceo y profesor de historia, fundamenta en la neutralidad política, la tolerancia, el respeto a la pluralidad ideológica, la racionalidad, la laicidad y el estímulo del espíritu crítico. Mondoloni, corso y nieto de española, lleva 13 meses en Madrid. "El Liceo ofrece una educación de calidad según el programa francés de enseñanza adaptado a la inspección educativa española", dice, y subraya que la apuesta pedagógica se asienta sobre tres pilares: el primero, los idiomas. El segundo pilar son las artes. Por último, un eje sobre el que va a girar la actividad durante la etapa inmediata: la mujer en el Mediterráneo, un proyecto cultural continental y creativo al que se quiere incorporar a todo el alumnado de los países ribereños del Mare Nostrum, Francia incluida.

Es el Estado francés el que remunera a sus profesores. La matrícula hoy cuesta 800 euros y los cursos se pagan anualmente con honorarios que abarcan de 3.700 a 4.200 euros. Hay una política de becas que aplica el Estado francés para los alumnos franceses, explica Mondoloni, pero el apoyo a los estudiantes de familias con menos recursos se fortalece mediante ayudas a los viajes, transportes y otros vectores de la vida escolar.

Desde su fundación hasta nuestros días, han sido 12 décadas de laboriosa faena. Desde su edificio casi palacial de la calle del Marqués de la Ensenada, donde permaneció instalado el centro educativo hasta el año 1970, a sus modernas instalaciones de la plaza bautizada con su nombre, cerca de Arturo Soria, el Liceo Francés ha asistido como testigo de primera fila a las transformaciones del bastidor humano de una ciudad viva y cambiante. En ella, su discurso didáctico, laico y republicano a la francesa siempre fue considerado como una referencia para la formación de algunos de los mejores espíritus, dicen sus antiguos alumnos, cuya asociación integra a más de 500 veteranos.

"Recuerdo aquellos años como algo de lo más hermoso de mi vida", dice la embajadora Silvia Escobar, de 66 años.

Escobar pertenece a una familia cuyos siete hermanos, como el pintor Antonio Escobar, estudiaron también en el Liceo. Raquel, su hermana, de 58 años, ha sido presidenta de la Asociación de Antiguos Alumnos y también de la Asociación de Padres. "Cuando llevaba a mi hija Sara a Maternal, protesté vivamente a la dirección por algo que no me parecía bien -36 alumnos por aula entonces- y me dijeron que sería yo quien representara a las madres y los padres", evoca sonriente.

El crecimiento del Liceo fue exponencial. Pero el espíritu didáctico siguió siendo excelente, reconoce Sara Bermejo, de 28 años, hija de Raquel Escobar. "Yo tenía afección por las letras, pero me hice ingeniero de telecomunicación: había tenido un maravilloso profesor de ciencias", reconoce. Sara recuerda también cuando acudían al campo de rugby. El Liceo Francés contó siempre con un equipo excelente, quizá el mejor de todo Madrid.

Toda la familia de los Peces-Barba, desde Gregorio, ponente socialista de la Constitución de 1978, hasta su hermana Maribel, alcaldesa de Colmenarejo, ha estudiado en el Liceo Francés, así como la familia de los Toharia; personalidades como los políticos Miguel Ángel Moratinos, Julio Feo, Roberto Dorado, Silvia Escobar o Ramón Tamames; la sexóloga Elena Arnedo; las hermanas Esther y Alicia Koplowitz; el economista y ex ministro socialista Miguel Boyer; Elena Valenciano; los cantantes Miguel Bosé, Olvido Gara, Alaska, y Antonio Vega; los actores Óscar Ladoire, Sergio Peris-Mencheta; Carmina Ordóñez y sus hijos; Olivia, hija de Ángela Molina; la cantautora Conchita...

"Recuerdo siempre una cita del escritor Alphonse Daudet, que nos leyeron en clase de literatura: era un cuento sobre la última clase de francés pronunciada en Alsacia antes de pasar a manos alemanas... No puedo evitar la emoción de aquel relato, que culminaba con un vibrante Vive la France", cuenta Silvia Escobar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de noviembre de 2009