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Crítica:

El hecho de ser mujer

Lo peor del seguramente mal llamado cine para mujeres es que se intente enmascarar detrás de apelativos como feminista, modernizador o renovador. Tú y yo y Desayuno con diamantes, por poner dos ejemplos conocidos, suelen meterse en el saco de la categoría. Son historias que suelen gustar más a las mujeres, y aunque lo esencial en ellas no es que se ofrezca una visión feminista o esclarecedora del género, sin embargo modernizaron el rol hablando sin tapujos de temas como el adulterio, la soledad y la individualidad, además de ser capaces de calar también en el hombre. ¿No hay, pues, un cine para mujeres? Sí, hay películas como Julie y Julia, que parecen centrar su discurso en la mejora de la situación de la fémina como ente enfrentado al macho, y en cambio están basadas en un ideario rancio, acomodaticio y absolutamente enfrentado con lo que debería suponer una transgresión. ¿Gustará, por tanto, a la mujer? Una pista: en Estados Unidos ha sido un éxito.

JULIE Y JULIA

Dirección: Nora Ephron.

Intérpretes: Meryl Streep, Amy Adams, Stanley Tucci, Chris Messina, Linda Emond, Helen Carey.

Género: melodrama. EE UU, 2008.

Duración: 123 minutos.

Hubo un tiempo en que Nora Ephron era capaz de escribir y dirigir sensacionales comedias románticas que, fueran hechas o no con la mujer como objetivo, lo cierto es que entusiasmaron a ambos sexos. Cuando Harry encontró a Sally, Algo para recordar y Tienes un e-mail tienen un toque especial. Un toque que Ephron parece haber perdido. Julie y Julia está basada, como bien indica una frase al inicio del metraje, en dos historias reales. También lo está en dos libros autobiográficos, escritos por, respectivamente, cada una de las protagonistas. La primera, Julia Child, triunfó en los primeros años sesenta como "la mujer que enseñó a cocinar a los americanos", gracias a varios libros y a un famoso programa de televisión. La segunda, Julie Powell, ha saltado a la fama escribiendo un blog en el que rememora las comidas de Child, reinsertando su (pre)cocinado en lo que se supone son los nuevos tiempos. Esa imagen especular que Ephron pretende dar al enfrentar a ambas personalidades es lo que acaba con la película antes de empezar. Porque ambas historias son el agua y el aceite. Porque nunca llega a entenderse la obsesión de la joven escritora del presente por la señora del pasado.

Hace tres años, Ephron escribió un ensayo titulado El cuello no engaña y otras reflexiones sobre ser mujer. Su primera línea dice así. "No soporto mi cuello. No me gusta nada". ¿Será esto un libro para mujeres?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de noviembre de 2009