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Reportaje:

El condenado que quería ver la Luna

La Casa Encendida estrena en España un documental sobre la vida de un preso inocente que permaneció casi 18 años en el corredor de la muerte

"Yo lo que quiero es ver la Luna". A las puertas del penal, tras 17 años, 11 meses y un día en el corredor de la muerte, Juan Meléndez salió libre y sin cargos. No fue él quien mató a tiros al dueño de una escuela de cosmética para robarle. Al puertorriqueño, que tiene el iris color caramelo, le esperaba la prensa a las puertas del penal de Florida (EE UU). Atrás quedó la pelea de 12 abogados, el silencio tras las ejecuciones, la soledad. Una periodista le preguntó: "¿Qué hará, dónde irá?". Y respondió entonces: "Yo lo que quiero es ver la Luna". En la celda de seis pies por nueve (unos cinco metros cuadrados) en la que esperaba la ejecución no había ventana.

Ya lo cuenta con una sonrisa. El antiguo temporero analfabeto, el que viajaba por EE UU para recolectar fruta, recorre ahora el mundo dando conferencias "con una misión". Habla con los ojos muy abiertos, la perilla algo rala y una melena salteada con varias canas. Juan Meléndez, de 58 años, se siente privilegiado por estar vivo. Ha resumido parte de su experiencia en el corredor en un documental del director Luis Albert que mañana estrena La Casa Encendida dentro de la programación del VII Festival Urban TV, que incluye proyecciones, reportajes y charlas sobre la vida y la ecología urbana hasta el viernes.

El Festival UrbanTV incluye proyecciones, reportajes y charlas sobre la vida urbana

Juan Meléndez 6446. El título es su nombre y los días que pasó entre rejas. "El documental es mi herramienta para pelear por la abolición de la pena de muerte", asegura Meléndez, que se dejó grabar en una vieja cárcel puertorriqueña como si fuera el corredor.

En la cinta, de 48 minutos, participó Andrea Colón. "Mi mamá es la verdadera protagonista". La mujer, con la que habla tres veces por semana, vive sola en Puerto Rico. "Ambos nos acostumbramos a vivir la soledad como algo positivo", explica el hombre. La señora Colón montó un altar en su casa a la Virgen de Guadalupe. "Le rezo tres rosarios cada día y le corto rosas. Juan, el milagro llegará porque eres inocente", le decía ella. Quizá heredero de esa devoción por los altares, o imbuido por los largos silencios del penal, Meléndez muestra una pátina religiosa a medida. "Es mi Dios", dice, "el que me mandó sueños buenos cuando quería suicidarme, el que me hizo el milagro que pedía mi mamá". Lo que no le contó su madre, hasta que fue libre, es que oraba y también ahorraba. Estaba juntando dinero para repatriar su cadáver si lo ejecutaban. "Ninguna madre debería pasar por eso", se lamenta el ex preso.

Aquel primer día, a las puertas del penal, el hombre libre hizo otra confesión: "Quisiera conocer a mujeres bonitas". Poco después, en una conferencia, se cruzó con una, rubia y muy guapa. Judit Caruso, abogada y activista de origen irlandés, es hoy su pareja. Tumbada al sol en un puf en mitad de la terraza de La Casa Encendida, no deja de mirarle. A veces le sopla algún dato que a él se le ha perdido.

La abogada también está con él cuando se despierta con pesadillas en las que sueña que sigue encerrado. "Si duermo más de cuatro horas es un milagro", confiesa. Tiene estrés postraumático, miedo a las aglomeraciones. A veces se queda paralizado en mitad de un paso de peatones. ¿No sería más fácil aparcar la lucha? Niega con la cabeza: "Los hombres de aquel corredor, ésos a los que muchos llaman monstruos, me enseñaron a leer y a escribir, a hablar inglés, a perdonar sin guardar rencor; soy feliz de estar libre, pero no puedo olvidarme de ellos".

El documental Juan Meléndez 6446 se estrena mañana en La Casa Encendida (Ronda de Valencia, 2). Entrada libre previa inscripción en www.urbantvfestival.org/foro

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de noviembre de 2009