Sepulturas con historia

Leyendas y anécdotas insólitas, tanto del pasado reciente como del más remoto, habitan en los cementerios vascos

Decenas de miles de personas han acudido a lo largo del fin de semana a los cementerios vascos. Cada visita es un relato personal de duelo y recuerdo, y cada relato suma un renglón a los anales de estas crónicas de la historia que son los camposantos. El pasado se asoma entre las lápidas y narra historias reales insólitas, y, por supuesto, también susurra leyendas increíbles y difíciles de confirmar. Lo que sigue es un compendio de las primeras (y de alguna de las últimas).

SANTURTZI El Jim Morrison vasco

En el nicho de Iosu nunca faltan varias latas de Kas limón, su refresco favorito
Vitoria no edificó parte de Judimendi por ser un antiguo cementerio judío
La sacramental de Polloe evolucionó con los gustos de la sociedad donostiarra
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En el cementerio de Santurtzi descansa el que sería el equivalente vasco a Jim Morrison: Iosu Expósito, líder de la banda punk Eskorbuto. Su humilde nicho se ha convertido, igual que sucede con la sepultura parisina del cantante de los Doors, en un lugar de peregrinación para los seguidores de la banda. Sobre la hornacina nunca falta un número variable de latas de Kas limón, su bebida favorita en vida.

Expósito falleció en 1992 y desde entonces sus restos descansan en el cementerio de Santurtzi, la localidad donde vivió toda su vida. Decenas de dedicatorias, tan iconoclastas como las letras que escribiera, garrapatean la sepultura. Hay cierta ironía macabra en este culto, y también en la prematura muerte a manos de la heroína de Iosu, porque, como recuerda Diego Cerdán, presidente del Klub Eskorbuto, "la muerte y los temas de ultratumba" eran recurrentes de una banda que cuenta, entre sus canciones más coreadas, con himnos como Más allá del cementerio, Rogad a Dios por los muertos o Enterrado vivo.

MOMOITIO Cementerio milenario

Más de mil años contemplan a los sepulcros de Munnio, Sempronio, Anterazoni y Aostarri, los primeros habitantes del Duranguesado a los que se conoce por su nombre. Sus lápidas se levantan en el pequeño barrio rural de Momoitio, en Garai, junto a una antigua capilla.

"Es una de las necrópolis cristianas más antiguas en Euskadi y nos permite saber que la comunidad que vivió aquí en los siglos IX y X aún mezclaba los elementos cristianos con ritos paganos. También usaban nombres latinos junto con otros eusquéricos", explica Jon Olazábal, responsable de Gerediaga, la asociación cultural que participó en la restauración de los sepulcros.

Otra necrópolis alto medieval puede ser visitada los viñedos de Remelluri, en la Rioja Alavesa.

Aquí los muertos no legaron a la posteridad sus nombres, pero sí las figuras talladas en piedra que les representan de forma esquemática.

JUDIMENDI

Un parque sagrado

Casi todo el mundo en Vitoria sabe que el nombre del barrio y del parque de Judimendi se debe a que la comunidad hebrea tuvo allí su cementerio antes de la expulsión decretada por los Reyes Católicos en 1492. Pero esta historia tiene letra pequeña, y su olvido estuvo a punto de causar una grave ofensa.

En tiempos de la expulsión, los judíos de la Vitoria renacentista acordaron la cesión de su cementerio a la villa a cambio de que nunca se edificara ni se labrara en ese terreno sagrado. Pese a que el recuerdo del carácter hebraico del lugar perduró durante los siglos, los términos del acuerdo ya estaban olvidados para 1950, cuando el Ayuntamiento proyectó allí la construcción de, precisamente, un cementerio.

Las reclamaciones de la comunidad judía de Bayona, atendidas por el consistorio, fueron las que llevaron a que el terreno se convirtiera en un parque. Desde hace algunos años, un monumento en forma de libro de la artista israelí Yaël Artsi pretende evitar un nuevo olvido.

POLLOE Tumbas ilustres

Del neomedievalismo y las imágenes tétricas de murciélagos, calaveras y guadañas, a los ecos de la belle epoque que, al otro lado de la empalizada, impregnaba la ciudad de los vivos en los años 20 y 30. El cementerio de Polloe se construyó entre 1876 y 1878, siguiendo las directrices romanticistas del arquitecto Jesús de Goicoa y fue creciendo y cambiando con la ciudad, según explica Juan José Martínez, director de la funeraria municipal donostiarra. "La burguesía local trasladaba la estética del momento a los sepulcros. Se ve en la notable colección de capillas neogóticas que coinciden con la construcción de la catedral del Buen Pastor".

Entre los 7.509 panteones y 42 capillas-sepulcro de Polloe descansan decenas de personalidades prominentes, como el duque de Mandas, el padre Vicente Manterola o la política Clara Campoamor. Martínez recuerda que el camposanto trabaja, junto con el Ayuntamiento de San Sebastián para definir un recorrido turístico a través de las tumbas ilustres del cementerio.

Unido a esto se harán trabajos de adecuación para asemejar el cementerio a un parque público. Una de las leyendas que circulan en torno a Polloe tiene que ver, por cierto, con obras. Cuentan -aunque la prensa de la época no lo refleja- que cuando a finales de los 60 se construía la variante de la autopista que cruza el cementerio por debajo, algunos muertos escaparon de sus tumbas: varios ataúdes cayeron sobre el túnel que horadaban los obreros.

MUNDAKA Un panteón de otro mundo

Dicen que el panteón de los Erezuma en Mundaka parece sacado de un decorado de Star Wars. Pero es casi 70 años anterior a la primera de las películas de la exitosa saga de George Lucas. La familia, una de las más prestigiosas de la burguesía local, permitió al arquitecto bermeano Teodoro de Anasagasti dar rienda suelta a su imaginación y a las influencias modernistas de la Secesión vienesa que bullían en su cabeza.

Esta tumba es sólo uno de los ejemplos que ofrece el cementerio de Mundaka de cómo la sofisticada burguesía local se alió a principios del siglo XX con los nuevos aires en la arquitectura con el objetivo de ser recordados mucho después de su paso por este mundo. La prueba de que lo consiguieron son estas líneas.

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