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El transporte en la región

De Madrid a Guadalajara de pie

Miles de madrileños viajan cada día en los pasillos de autobuses interurbanos que circulan a gran velocidad por vías rápidas - La DGT reconoce que hay un vacío legal

Expertos y Administración están de acuerdo: el autobús interurbano que circula por vías rápidas con el pasillo atestado de pasajeros es una aberración. Personas convertidas en potenciales proyectiles circulando a gran velocidad en autovías y autopistas con intensidades circulatorias de vértigo. Pero ni la legislación autonómica, nacional o europea ha puesto coto al problema de unos autobuses pensados para circular en zonas metropolitanas o recorridos cortos que ruedan en ocasiones a 100 por hora y dispuestos a aprovechar hasta su último centímetro cuadrado para cargar viajeros. Son el pan de cada día de miles de madrileños.

Según los expertos consultados, estos vehículos sólo tienen una limitación en Madrid: no pueden circular a más de 80 kilómetros por hora. En algunas comunidades, como Andalucía, se han establecido limitaciones más específicas, pero el Consorcio de Transportes asegura que en la región, para los autobuses en que los viajeros pueden ir de pie, no hay ni tan siquiera limitación de distancia máxima.

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El límite de velocidad es una marca que se vulnera muy a menudo, como se quejan los viajeros y ha podido comprobar este diario. "Van a todo gas", comenta Modesto Abadía mientras espera el 625 en la estación de Moncloa. ¿Y no tiene miedo al ir de pie? "Te puedes agarrar a las barras", contesta lacónico. Incluso los pasajeros que viajan entre Madrid y Guadalajara (58 kilómetros, 48 de ellos por vías rápidas) pueden hacerlo de pie. La Dirección General de Tráfico pidió hace varios años un estudio de velocidades a expertos del sector, explica Francisco Aparicio, director del Instituto Universitario de Investigación del Automóvil (INSIA), "porque estaban preocupados por estos vehículos, pero no llegó a concretarse en nada".

Daniel Espinosa ingeniero en seguridad vial del Instituto Zaragoza reflexiona así sobre el asunto: "Es como imaginar ahora a alguien circulando en motocicleta sin casco. Mientras no pase nada, no hay problema. Pero, en caso de accidente, lo más seguro es que sufra lesiones de gravedad en la cabeza. En un autobús sucede lo mismo: ante un frenazo brusco, los ocupantes que no van sujetos van a salir despedidos; desde el punto de vista de la seguridad, la verdad es que es una verdadera locura, parece de otro tiempo. Habría que llegar a un compromiso entre seguridad y funcionalidad. Al fin y al cabo es una situación de riesgo diaria".

Lo asume Christian Jiménez, de 20 años, que utiliza diariamente líneas interurbanas: "Cuando hay frenazos la gente de pie se va para adelante y hay empujones, claro que es un peligro". Christian cree que existe una concepción diferente al coche. "Al montarte ya te pones el cinturón de forma automática", afirma. Aunque también es consciente de que "si estás esperando media hora el bus y luego, habiendo espacio, no te dejan ir de pie, la gente se quejaría".

Este aspecto de normalidad que asumen los viajeros no hace olvidar que en el 80% de los accidentes de autobús y autocar las heridas se producen como consecuencia de la proyección de los ocupantes. Los autobuses interurbanos están exentos de utilizar el cinturón de seguridad, porque, como explica Aparicio, no tendría sentido que unos pasajeros fueran sujetos y otros, no. Las empresas de transporte logran con este sistema aumentar sus beneficios ya que amortizan abundantemente cada trayecto y evitan aumentar la flota. "Se intenta que vaya de pie el menor número de viajeros, aunque en horas punta no se puede", asegura Jesús Díaz, de la empresa turística de autobuses, con 93 vehículos en líneas interurbanas la región, "la gran mayoría de ir de pie".

En la cola para subirse en el autobús a Alcalá de Henares, en la estación de Avenida de América, Eusebia Redondo confiesa su "miedo" a ir de pie. "De normal hay sitio, pero si hay mucha gente, con los frenazos... está muy mal que no haya asientos con cinturón porque van a mucha velocidad". Por razones de trabajo, Eusebia ha utilizado diariamente esa línea a Alcalá durante "muchos años". "A la vuelta del trabajo siempre venía lleno, con los pasillos atestados", asegura.

Aunque, salvo en horas punta, los pasillos de estos autobuses suelen ir vacíos, la sensación de velocidad que se siente al ir de pie es inevitable. Como ha comprobado este periódico en varias líneas interurbanas de la región (como la 724, la 282 o la 281) los autobuses superan con creces los 80 kilómetros por hora y rozan los 100. La sensación de inseguridad es notable en carreteras de cuatro carriles por donde se circula a gran velocidad.

Detrás de Eusebia en la fila, María Isabel Carvajal asegura que no suele ver gente de pie. "Menos mal, porque me parece muy peligroso, está muy mal que te obliguen a cuidar la seguridad como conductor en el coche y los autobuses no tengan las mismas medidas", opina.

El sector del transporte de viajeros por carretera siempre ha disfrutado de manga ancha en algunos aspectos de la seguridad vial. Por ejemplo, en los vehículos particulares el uso del cinturón es obligatorio desde hace décadas en carretera, mientras que los autocares sólo están obligados a montar estos dispositivos de seguridad desde octubre de 2007. Y más del 70% del transporte escolar no tiene sistema de retención.

Fuentes de la Dirección General de Tráfico reconocen que, aunque sí que se planteó limitar la velocidad de los autobuses interurbanos y aumentar las exigencias de seguridad para este tipo de vehículos, existe un vacío legal. "Como en el tema del transporte escolar, en el que Europa nos pasó la pelota a nosotros", recuerdan. "No es un tema que esté sobre la mesa". Y advierten: "Además, no sabemos si tiene solución".

Para zona suburbana o cortos recorridos

Las normas de transporte de pasajeros de pie están reguladas por el Reglamento 36 de la UE, que España traspuso en 1993, en el que se prohíbe expresamente transportar viajeros de pie en los vehículos de la clase III (autocares de turismo), permitiéndolos en los de clase I (autobuses urbanos) y en los de clase II (autobuses o autocares interurbanos), aunque solamente en el pasillo.

Nada se indica sobre velocidades, tipos de vías o recorridos máximos. Ante esa inconcreción, algunas comunidades autónomas, como Andalucía, han dictado órdenes para limitar el ámbito de circulación de los autobuses con pasajeros de pie en el interior.

Los autobuses urbanos, que no pueden circular a más de 50 por hora, tienen muchos metros de superficie despejada, sin asientos, y un buen número de barras para que los viajeros que van de pie puedan asirse. Son los rojos que circulan por la ciudad, pero que prácticamente igual, salvo que de color verde, salen también por las autovías. Justo en el extremo contrario están los autocares, con un pasillo sólo de paso, que pueden circular por todo tipo de vías y en los que cada pasajero debe ocupar un asiento. Los construidos a partir de octubre de 2007 tienen un cinturón de seguridad en cada asiento.

El autobús extra urbano o de corto recorrido, que se utiliza para transportar decenas de personas de pie diariamente en Madrid y no puede ir a más de 80 kilómetros por hora, está definido en el Código de la Circulación así: "Concebido y equipado para transporte interurbano, no dispone de plazas destinadas especialmente para viajeros de a pie, pero pueden transportar este tipo de viajeros en cortos recorridos en el pasillo de circulación".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de noviembre de 2009

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