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Análisis:La investigación del 'caso Gürtel'

De mayor quiero ser como Federico

Me lo confesó ayer. Mi hijo pequeño me llamó a la cocina y me dijo: "Papá, de mayor quiero ser como Federico".

-¿Quién? ¿Jiménez Losantos?, le pregunté.

-Noooo, Trillo, el coordinador de Justicia y Libertades Públicas del PP.

De inmediato traté de indagar por qué no prefería a Cristiano Ronaldo, Rafa Nadal o Fernando Alonso, pues los éxitos deportivos suelen despertar mayor admiración que los ex ministros.

-"Lo he pensado bien", me dijo. "Ya sé que Nadal y Ronaldo ganan más dinero, pero los entrenamientos son muy duros y las lesiones, dolorosas. Y Alonso se juega la vida en cada carrera. No, lo de Trillo es mucho mejor: haga lo que haga nunca le pasa nada, y además es el que borda aquello de que la mejor defensa es un buen ataque".

-¿Cómo es eso?

-Pues porque es así. Era ministro de Defensa cuando la contratación del Yak-42, el avión ucranio que transportaba las tropas españolas que regresaban de Afganistán, en el que murieron 62 militares y 13 tripulantes. Metió prisa al equipo desplazado a Turquía para acelerar la repatriación de los cuerpos porque había que llegar a tiempo al funeral de Estado y ocurrió el desastre de la falsa identificación de los cadáveres. Pues bien, un general y dos oficiales fueron condenados, pero Trillo sólo declaró como testigo y por escrito. El Ejército estaba irritado por su impunidad y por la condena de sus subordinados, pero Trillo, lejos de asumir responsabilidades, declaró que respetaba aunque no compartía la sentencia.

-Sí, se libró de ésa.

-También era el ministro de Defensa con el que el auténtico Bigotes, no el sucedáneo de ahora, nos metió en la guerra de Irak. Sí, aquélla de las armas de destrucción masiva y que fue el origen de los atentados del 11-M, como se puede comprobar en las reivindicaciones que hicieron Jamal Ahmidan, El Chino; Abdennabi Kounjaa y Mohamed Oulad Akcha, los miembros de la célula de Leganés que pusieron las bombas en los trenes con la dinamita robada en Mina Conchita.

Pues Trillo, junto con Aznar, Acebes y otros dirigentes del PP se dedicaron a decir que los autores de los atentados no eran los yihadistas, sino terroristas que no estaban en "desiertos lejanos", en referencia a ETA, para eludir su responsabilidad. Cuando las sentencias de la Audiencia Nacional y del Supremo establecieron que los atentados habían sido cometidos por los siete suicidas de Leganés y alguno más que había huido, pero que ETA no había tenido ninguna intervención, Trillo alegó que se seguía "sin desvelar la autoría intelectual de la masacre". Como si un premio Nobel hubiera planificado la matanza. ¡Manda huevos!, que solía decir él mismo cuando era presidente del Congreso.

-Pero de eso ya hace tiempo.

-Bueno, este año, su actividad se ha multiplicado. Nada más destaparse la Operación Gürtel, en lugar de asumir que quizá había algo de corrupción que debería depurarse, se puso al frente del PP para denunciar a los policías que investigaban el caso, a los que acusa de sectarios; al fiscal del Estado y al ministro del Interior, a los que achaca que sólo persiguen al PP; para recusar al juez instructor, al que considera parcial, y para repartir querellas a diestro y siniestro. Una operación perfecta de ataque, presión y coacción.

-Ésa suele ser la defensa de todos los partidos cuando se ven en los tribunales, acuérdate de Filesa.

-Sí, bueno, pero es que ahora, además, en el caso del chivatazo -el aviso a un colaborador de ETA de que había una operación policial contra la red de extorsión de la banda-, practica la ley del embudo, exige para otros lo que no quiere que se aplique a los suyos.

-¿Y eso?

-Pues cuando la fiscalía ha solicitado el archivo del caso porque, a pesar de que se ha investigado exhaustivamente no se ha podido determinar el autor de la filtración aunque haya fundadas sospechas sobre algún policía, Trillo ha tildado la petición de "sectaria, arbitraria y política". Parece que la presunción de inocencia sólo se le aplica a él, no a otros.

-Es que estaría bien que en el caso Gürtel y en el del chivatazo se encontrara a los auténticos responsables y se les condenara.

-Nada, nada, que es mi héroe. Cuando juego a batallas en la Play Station siempre lanzo su grito de guerra.

-¿Y cuál es?

-¡Viva Honduras!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de octubre de 2009