Quedan cinco días

Todo o nada para Gallardón

El alcalde de Madrid compromete su crédito político al segundo intento por conseguir los Juegos Olímpicos - La candidatura afronta el reto con gran euforia

"Algo debe de saber el alcalde que ignoramos los demás. Tan precavido siempre, tan acostumbrado a dejar una puerta abierta, y ahora... Está entregado y ha comprometido toda su imagen en este proyecto", desliza un edil cercano a Alberto Ruiz-Gallardón. A cinco días para la elección en Copenhague de la ciudad que albergará los Juegos de 2016, el optimismo es desbordante.

Da igual que los informes del COI no fueran buenos. No importa que la regla no escrita de la rotación de continentes descarte a Madrid de un plumazo. Ni siquiera tiene trascendencia que ninguna casa de apuestas le conceda posibilidades. Nada. El Ayuntamiento de Madrid, a 10 días del veredicto sobre quién organizará los Juegos Olímpicos de 2016, preparaba ya una gran celebración en la plaza de la Cibeles para el 3 de octubre. Pero lo cierto es que la lucha está muy apretada. Gallardón juega el próximo viernes al todo o nada. Si no sale bien, si Madrid cayese en la primera ronda, aunque nadie en tres años haya querido hablar de ello, la herida sería más honda que hace cuatro años.

"Más no se puede hacer", afirma Juan Antonio Samaranch Jr.
"Gallardón está nervioso, pero confiado", explica una colaboradora

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El 6 de julio de 2005, en la sala central del Convention City de Singapur, Lambis Nikolau, un miembro del COI de nacionalidad griega, se equivocó de botón y regaló su voto a París. Era la tercera ronda y estaba previsto que apoyara a Madrid, que hasta entonces iba en cabeza. El griego se levantó, bastante apurado, pidió al presidente del COI modificar su voto, pero no había nada que hacer. Nunca se supo qué había pasado, pero le dio un punto a la candidata francesa crucial para que Madrid cayera.

Un escalofrío recorrió a toda la delegación española. La gran oportunidad perdida. Era el momento perfecto. Y como ahora, nadie, y especialmente el alcalde, había previsto perder. Gallardón tuvo que comparecer en el hotel Raffles de Singapur a explicar lo sucedido. Sólo había que decir "gracias" y "felicidades a la ganadora". Pero estaba hundido. Bloqueado, según asistentes. Su mano derecha y el supervisor político del proyecto, Manuel Cobo, quedó desolado. El golpe era durísimo. Para el discurso, tiró de coraje. "Hemos comenzado el camino y lo vamos a concluir. Un día Madrid albergará los Juegos Olímpicos", advirtió. Y sus palabras de aquella noche le citaron para esta semana en Copenhague.

Pero aquel día aún quedaba el viaje de regreso y se anunciaba un funeral. Los tunos que el Ayuntamiento había contratado iban callados y con las guitarras escondidas en la bodega del avión. Madrid había quedado fuera de la carrera, quizá también por la demoledora pregunta del príncipe Alberto de Mónaco sobre el terrorismo en España. Sobre la seguridad y sobre el atentado de La Peineta. Y, en ese momento, en el aire, de vuelta a casa, el comandante informó de que Londres, la ciudad que había ganado los Juegos, acababa de sufrir un ataque terrorista con 56 muertos y 700 heridos.

El vuelo se convirtió en una oficina de prensa improvisada. Todos los periodistas buscaban reacciones políticas. Y fue inevitable acordarse de Alberto de Mónaco. "La pregunta del príncipe había sido durísima. No venía a cuento. Y luego pasó lo de Londres. En fin...", recuerda uno de los pasajeros del avión.En ese avión, Gallardón habló con el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, de reconstruir el sueño olímpico para 2016. "Dijimos que había que reflexionar, dejar un tiempo. Parecía sensato aprovechar toda esa fuerza que teníamos", recuerda Lissavetzky, cabeza visible del Gobierno en este proyecto y hoy buen amigo de Gallardón, pese a los agrios debates que mantuvieron años atrás en la Asamblea.

Dejaron pasar ese tiempo "prudencial". Tuvieron reuniones y Gallardón se entrevistó personalmente con el presidente del COI, Jacques Rogge. Quería asegurarse de que la rotación de continentes -Londres va a organizar los Juegos anteriores- no descartaba a Madrid de la futura carrera. Y Rogge se lo garantizó.

La idea era buena. Para la ciudad y para Gallardón. Sólo con volver a presentarse, Madrid aumentaba su posición en el mundo. Más turismo, más publicidad... más dinero. Al alcalde, además, siempre con la cabeza puesta en La Moncloa, tampoco le venía mal liderar un proyecto internacional desde su cargo municipal. Ni que decir que si se conseguía, Madrid y su alcalde serían imparables. Eso sí, antes se necesitaban 34 millones de euros. Pero convencer a los empresarios no iba a ser un problema para un Gallardón muy acostumbrado a tratar con decenas de constructoras y bancos que han remodelado la ciudad durante sus mandatos.

Para el nuevo proyecto se buscó una cabeza visible. Sebastian Coe, el atleta, político y líder de la delegación de la victoriosa Londres, había cautivado al mundo con su potencia representativa. "Pensamos que tenía que ser un perfil versátil. Medalla olímpica, capacidad de gestión, idiomas, muy relacionada con el mundo olímpico y otras federaciones...", recuerda el vicealcalde, Manuel Cobo. Así que se nombró a la ex jugadora de hockey Mercedes Coghen (que había sido derrotada poco antes por Alejandro Blanco en la lucha por presidir el COE) consejera delegada de Madrid 16. Además, el proyecto repescó a algún miembro de la antigua delegación con un perfil técnico, como Antonio Fernández Arimany, y contrató a un jefe de comunicación que conocía bien el deporte y había sido presentador de televisión, Juan Antonio Villanueva.

Formado el equipo, había que empezar a trabajar. Juan Antonio Samaranch, presidente de honor del COI y el hombre más influyente del movimiento olímpico, advirtió entonces al alcalde de que debía mejorar la diplomacia internacional. "Lo que hay que reforzar enormemente es el equipo de contacto con los miembros del COI", dijo en una entrevista.

Porque en "la familia olímpica", sobre todo cuando se llega a una final de este tipo, ya no cuenta quién tiene el mejor proyecto, sino quién es capaz de prometer favores, ventajas, acuerdos y alianzas futuras. "Se lleva el gato al agua el que cena con todos, se acuerda de los amigos y hace la visita oportuna en el momento oportuno", explica un experto en este tipo de gestiones. Política, en suma. Por ello, esta vez el alcalde tenía siempre una maleta a punto en su despacho.

Durante los tres últimos años, Gallardón ha viajado por los cinco continentes. Oficialmente ha estado en Pekín, Atenas, Bali, Abuja, Estambul, Kuwait, Queenstown... Ciudades donde había algún evento olímpico. Además, extraoficialmente, siempre acompañado de la consejera delegada Mercedes Coghen o de Juan Antonio Samaranch Jr., ha pisado la moqueta de decenas de hoteles de todo el mundo para convencer, en secreto, a cada uno de los 106 miembros del COI que estarán en Copenhague. "Ha dado cinco vueltas al mundo persiguiendo a miembros del COI. Y eso es fácil decirlo... Pero es el único alcalde que ha estado en todos los eventos donde había un posible voto. Ha hablado con todos varias veces", señala Juan Antonio Samaranch Jr., el único miembro del COI español e integrante de la candidatura española. "Más no se puede hacer", insiste.

Y ésa es la diferencia principal entre la aventura de 2012 y la de 2016. "Cuando Gallardón iba a uno de estos sitios había alguien que presentaba al alcalde al miembro del COI de turno. Ahora no hace falta. Todos le conocen y le tienen aprecio", destaca Cobo. "Alberto conoce más el terreno y más gente le conoce a él. Este mundo tiene sus códigos y hay que dominarlos", ilustra el presidente del COE, Alejandro Blanco.

Tampoco se ha perdido ningún viaje. Y esta vez, la lucha está mucho más reñida que en 2012, cuando París era clara favorita. Puede pasar de todo. Especialmente cuando comiencen las segundas y terceras votaciones.

En definitiva, Gallardón, que hoy se despide de la ciudad con una multitudinaria fiesta en Cibeles y que ha tenido actos de promoción hasta el último día, se está jugando la cara por esto. "Está nervioso, pero confiado. Convencido, de verdad, de que lo conseguiremos", explica una colaboradora cercana. ¿Y si pierde? ¿Amagará con dejarlo todo como otras veces? "No, de ninguna manera. ¿Dónde va a ir? No volverá a ser fiscal. Tampoco es Zaplana y se irá a la empresa privada. Gallardón repetirá como alcalde y esperará. Si Rajoy gana, intentará estar en su equipo. Si Mariano pierde, será su última oportunidad para lograr su sueño de llegar a La Moncloa", explica un miembro de la dirección regional del PP.

"La prioridad de mi gobierno ha sido conseguir los Juegos", soltó Gallardón hace poco, dejando asomar que asumiría la responsabilidad de una derrota, pese a que serían los ciudadanos quienes la juzgarían en las urnas en 2011. Pero un tercer mandato, con todos sus proyectos terminados, con una deuda de 7.000 millones de euros y sin el consuelo de los Juegos puede hacerse muy largo. Ana Botella, teniente alcalde de la ciudad, espera su turno.

¿Y si Madrid gana? En una comida del patronato olímpico, a Gallardón se le escapó el comentario, en tono jocoso, de que Obama no acudiría a Copenhague para arriesgarse a perder contra Madrid. Algunos se miraron estupefactos. El comentario les pareció un poco sobrado. Quizá no lo pensaron bien. La potencia de esa imagen, aun sin quererlo, sería difícil de no rentabilizar políticamente: Obama acude finalmente a Dinamarca, Chicago es finalista junto a Madrid en una reñida votación y se impone el proyecto por el que Gallardón se ha dejado la vida durante tres años a la candidatura que lidera el hombre más influyente del planeta...

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 27 de septiembre de 2009.

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