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Reportaje:

Un equipo que avasalla

La selección española remite al dominio ejercido en otras épocas por la URSS y Yugoslavia

Robert Álvarez

La noche fue larga en la planta 27 del hotel Qubus de Katowice, donde los componentes de la selección española, junto a sus familias, lo celebraron con una fiesta acorde con el hito alcanzado: el oro europeo y la cuarta final consecutiva tras el título en el Mundial y la plata en el anterior Europeo y en los Juegos Olímpicos. Sólo dos países que se desmembraron políticamente en los noventa marcaron épocas de un dominio superior, la URSS y Yugoslavia. Otros países con muchísima tradición, como Italia, jamás han conseguido ganar ni un Mundial ni unos Juegos Olímpicos.

"Las comparaciones con aquellas selecciones de la URSS y Yugoslavia dan vértigo. Les tengo mucho respeto. Pero está claro que nosotros también nos hemos ganado el respeto de nuestros rivales, porque hemos jugado de escándalo durante los últimos partidos", pondera Jorge Garbajosa. La URSS arrasó en las décadas de los cincuenta y los sesenta, en las que sumó hasta ocho oros de forma consecutiva en los Europeos desde 1951 hasta 1971, enlazando además siete finales consecutivas con las medallas de plata en los Juegos de 1960 y de 1964 y la de oro en el Mundial de 1967.

"Esta generación es magnífica y está Pau, el mejor de la historia en España", dice Raúl
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Yugoslavia jugó seis finales seguidas desde que ganó el Europeo de 1973 en Barcelona hasta que venció en el Mundial de 1978 en Filipinas con un equipo en el que despuntaban figuras como Cosic, Kikanovic, Delibasic, Dalipagic y Slavnic. Volvió a marcar una época dorada con dos títulos europeos, uno Mundial y una plata olímpica entre 1995 y 1998 gracias a otra colección de estrellas como Divac, Kukoc, Djordjevic, Danilovic y Bodiroga.

"Formamos parte de una magnífica generación de jugadores pero, sobre todo, contamos con el mejor jugador de la historia del baloncesto español que es Pau Gasol. Ganar con esta suficiencia es espectacular", asevera Raúl López. España batió el récord absoluto de mayor diferencia de puntos en la media parte de una final del Europeo. La brecha en el descanso fue de 23 puntos (52-29), tres más que el anterior récord en poder de Egipto en 1949 con 20 puntos ante Francia (36-16). La diferencia final, de 22 puntos, no superó los 31 (120-89) que le endosó la URSS a Checoslovaquia en 1985.

La forma en que somete España a sus rivales es un fiel reflejo de su dominio aplastante en todas las facetas del juego. Ya en el Mundial de Japón en 2006 dejó su impronta de equipo capaz de arrasar a la mayoría de sus rivales y así lo hizo con Grecia en la final, pese a la ausencia por lesión de Pau Gasol. La diferencia aquella vez fue de 21 puntos (70-49) y en el descanso ya dominaba por 20 (43-23). Pocas veces sucede que todos los rivales a los que ha ido ganando un equipo asuman la inferioridad de su juego con tanta resignación. "Fueron mejores y merecieron esta victoria. Llevan muchos años jugando juntos y eso les da una gran ventaja", convino el seleccionador de Serbia, Dusan Ivkovic, que por primera vez se fue del Europeo sin llevarse el título tras haber logrado la medalla de oro en sus tres anteriores experiencias como seleccionador. "Mis jugadores sintieron por primera vez la presión de una final. Por ejemplo, sólo cogimos siete rebotes durante la primera parte, mientras que España capturó 24".

Más concluyente fue todavía el reconocimiento de impotencia del equipo francés tras los cuartos de final, en los que los de Sergio Scariolo les derrotaron por 86-66. "Han sido demasiado buenos para nosotros", afirmó el seleccionador francés Vincent Collet. "Nos han superado en todo. Por más que intentábamos mover el balón, nos ha sido imposible debido a la presión defensiva de España".

Después de las dificultades en sus primeros partidos, el dominio del equipo español se ha hecho extensivo a todos los aspectos del juego. Ha sido el más anotador (79,8 puntos de media, por delante de Grecia con 75,9), el segundo que menos puntos ha recibido (68,9 de media, por detrás de Francia con 66,8), el mejor en rebote ofensivo (11,7 de media por delante de Turquía con 11,4), el tercero en rebotes totales (36,6 de media tras Grecia y Polonia), el mejor también en asistencias (17,3), en robos de balón (8,1) y en tapones (4,4).

En el aspecto individual Pau Gasol, además de ser elegido el mejor jugador del torneo, ha sido el máximo anotador (18,7 puntos de media), el segundo máximo reboteador (8,3 de media por detrás del polaco Gortat con 10,8) y el que más tapones ha puesto (2,2 por partido). Rudy Fernández, elegido en el quinteto ideal del torneo junto a Pau Gasol, el serbio Teodosic, el griego Spanoulis y el esloveno Lorbek, ha sido el mejor en tiros libres con 22 de 25 y un porcentaje de acierto del 88% y el que más balones ha robado por partido, 2,2. Datos que avalan el juego de un equipo que no sólo sirve para ganar, sino que ha abrumado a sus rivales en los últimos cinco partidos del Europeo. Éxitos, en definitiva, de una generación tan capaz que los títulos y las finales desde 2006 se han alcanzado con tres técnicos diferentes: Pepu Hernández, Aíto y Scariolo.

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Sobre la firma

Robert Álvarez
Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona, se incorporó a EL PAÍS en 1988. Anteriormente trabajó en La Hoja del Lunes, El Noticiero Universal y el diari Avui.

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