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La feria del mueble Hábitat pierde tamaño, peso y nombres

El certamen abre marcado por la recesión y la crisis propia del sector

"A nivel económico no nos sale rentable venir, pero este año hemos decidido hacerlo porque en el mercado nacional hay muchas dudas, y estar aquí te aporta una imagen de consistencia", dice, sentado en una de las butacas clásicas de su expositor, José Luis Alamar, gerente de Alpuch, una empresa con sede en Carlet que en julio de 2008 tenía 70 empleados y a la que un año después le quedan 30. La situación y el dilema de Alamar son parecidos a los de decenas de empresas del mueble y del resto de sectores (iluminación, textil hogar, decoración, cocina...) cobijados bajo el nuevo paraguas Ideas&Pasión Feria Hábitat Valencia: asistir al certamen sale caro para el retorno que se obtiene; dejar de hacerlo puede ser peor.

"Hay que apoyarla. Aquí jugamos de local", afirman en Andreu World

La posible factura en reputación no ha impedido que la feria (inaugurada ayer, abierta hasta el viernes) haya perdido un 25% de metros cuadrados de superficie de exposición, un 22% de número de stands, y algunos de los grandes nombres que solían verse en el enorme complejo ferial: es el caso de Punt Mobles, una de las pocas firmas valencianas de diseño, que ha decidido no acudir ante la previsiblemente baja rentabilidad de hacerlo, un "mercado caracterizado por la atonía", y la necesidad de vigilar las energías después de haber asistido a la feria de Milan en abril.

Al igual que ha ocurrido en otros sectores, no son pocas las voces que lamentan la "dinámica diabólica", en palabras de un gerente, de tener que presentarse cada año en la feria intentando llevar novedades bajo el brazo. "En un tiempo de bonanza y alegría, de acuerdo, pero tal y como están las cosas se debería reflexionar sobre la posibilidad de ir a una feria cada dos años, como han hecho otros certámenes", añade la misma fuente.

La feria, cuyo sentido consiste en lograr que se celebren, ha hecho por su parte lo necesario para atraer empresas. En el caso de las grandes firmas valencianas eso se traduce en haber recibido "todas las facilidades". En el caso de las marcas internacionales de primera línea, principalmente italianas, significa que la semana en feria valencia les saldrá prácticamente gratis. "De otra manera, la verdad es que no hubiéramos venido", afirma el responsable de una de ellas.

Sea anual o bianual muy pocas empresas valencianas discuten la importancia de preservar el certamen, llámese feria internacional del mueble, Hábitat, o Ideas&Pasión. "Todas las ferias han caído, y aquí se está intentando cambiar la dinámica probando propuestas nuevas. Ojalá recuperase la posición de privilegio que tenía en el ámbito internacional, pero tenemos que apoyarla. Aquí jugamos de local y cuando salimos fuera somos los visitantes", señala José Palau, director de marketing y ventas de Andreu World.

Sólo un puñado de empresas valencianas apostaron en su día por el diseño y han triunfado. La mayor parte continúa adscrita al área, físicamente separada en la feria, del mueble clásico. Relacionado con ello están probablemente los malos resultados de exportación: las ventas españolas al exterior cayeron un 20%; las valencianas un 26% en el primer semestre.

Es posible que, como dice Salvador Martínez, encargado del mercado nacional de Solomando, con sede en Alcàsser, responda a un descenso generalizado de la demanda. Pero lo cierto es que su producción se vende casi exclusivamente en Rusia, ex repúblicas soviéticas, Chipre y Turquía ("en el mercado francés, alemán, inglés... nuestro mueble no entra"). Y los de Alpuch se destinan casi por completo a los países productores de petróleo ("cuando el barril estaba a 140 dólares nos iba bien, pero después ha llegado a estar a 40 dólares"). Y depender de mercados "emergentes" o excéntricos tiene sus riesgos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de septiembre de 2009