Reportaje:BANDA SONORA

El sonido de Vallecas

El grupo Motociclón aplica su peculiar sociología del barrio en sus letras

La autoridad sanitaria se echaría las manos a la cabeza al presenciar la escena. Todo lo que se prohíbe en estos tiempos de virus contagioso lo acaba de mandar a la papelera el cantante de Motociclón. Se ha inflado la boca con el brebaje de un mini que le ha pasado un espectador (primer error), ha hecho gárgaras durante unos segundos (segundo error) y lo ha expulsado cual lluvia en las cabezas de los fans de las primeras filas (y tercer error). Si ese muchacho tiene incubada la gripe A, mañana va a haber mucha clientela en algún hospital. La escena tiene lugar en Villa de Vallecas, en las fiestas del lugar, en la caseta de una de las asociaciones más activas y combativas (y eso es decir mucho cuando se habla de la ya de por sí luchadora Vallecas) de la zona, Kontrakorriente. Unas 500 personas han aguantado hasta las dos de la madrugada para vivir el concierto de la banda que mejor refleja el sonido del barrio.

Uno de sus temas habla de la línea 130, la que va a Las Barranquillas
Robértez, el vocalista de la banda, se despide: "Un 'abrazal', tronco"

Uno de himnos de Motociclón lleva por nombre Ruta 130. Hace referencia a la línea de autobús que traza el recorrido Vicálvaro-Vallecas-Villaverde y que pasa por Las Barranquillas. Es el autobús que utilizan los yonquis para buscar su droga. La canción dice así: "En el 130 acabaré / con mi moca y los quetecuén / El autobusero vacunao y los currelas del políngano / Confusión en la parte de atrás y aroma a plata quemá". Conscientes de que no todo el mundo domina su jerga de extrarradio, el grupo incluye aclaraciones en la carpeta de sus vinilos (sí, además de en compacto, los dos discos de la banda se pueden comprar en este formato añejo). Por ejemplo, los quetecuén son los yonquis, los autobuseros son los conductores del autobús y el políngano, el polígono.

Hablar con Robértez (la fusión de nombre y apellido: Roberto López), vallecano desde que nació hace 37 años, el vocalista e ideólogo de Motociclón, te introduce en un lenguaje nuevo. Cuando de su boca sale un "ir a mi brondi" quiere decir que "va a su rollo"; cuando suelta "amochambrados" se refiere a "apretados"; "merece la pierna" debe traducirse por "merece la pena" y "de puta Maiden" (homenaje al grupo de heavy Iron Maiden) por "de puta madre"; kerfo es casa y cloncha significa raya de cocaína. Y se despide diciendo: "Un abrazal, tronco". Así habla este sujeto, arrastrando las palabras, tirando de ellas, como si éstas saliesen perezosamente del interior de algún lugar oscuro y les costase ver la luz. Los Motociclón son los jefes de un movimiento surgido en Vallecas, bandas de chavales que reivindican la temática de la periferia.

"De chinorri iba al colegio Los Álamos", explica Robértez, "que estaba en un portal. Ahora hay allí un herbolario. El recreo era directamente un parque público. Enfrente de mi casa se extendía un descampado inmenso que no tenía fin. Recuerdo que había muchos montículos de escombros de donde cogíamos frisos y tazas de váter. Organizábamos carreras con ellas. Nos juntábamos todos: gitanos, payos, quinquis... Era de puta madre porque fui muy libre".

Motociclón, que se formó hace cinco años, editó un primer disco que ya desde el título era un manifiesto callejero. Himnos de extrarradio se llama y contiene la materia necesaria para licenciarse en sociología vallecana. Por ejemplo, en Mi barrio, 1983, cantan: "Miro hacia atrás, allá en el gueto todo estaba igual/ ganar las noches, perder los días y esto se convierte en toda tu rutina". En su segundo y último álbum, titulado Costras y tachuelas, tiran de romanticismo suburbial y dedican El Pico al cine quinqui y ochentero de Eloy de la Iglesia. Dice así la canción: "Escribes las líneas de tu historia / la que pudo verte palmar / Viviste rápido, huyendo de ti mismo y huyendo hacia atrás... El flipe del principio se convierte en un mono brutal". Robértez señala que no se ha drogado en su vida ("sólo un par de tripis cuando tenía 20 años"), precisamente por lo cerca que ha tenido siempre los efectos devastadores de las sustancias duras: "Jugábamos al fútbol en el barrio. Cuando se te colaba la pelota en un tejado e ibas a por ella te encontrabas a dos o tres tipos pinchándose. Al tenerlo tan cerca le cogí mucho miedo. Torear las jeringuillas era lo habitual. Pero no nos sentíamos en peligro".

Robértez considera que actualmente el barrio ha mejorado, que hay mucha más información acerca de las drogas y eso evita meterse en el infierno: "Ha cambiado para mejor. A pesar de que el paro está haciendo mucho daño se respira alegría. Impera la educación del barrio. Nos respetamos, sobre todo los míticos".

Ninguno de los cuatro motociclotes vive de la música. Robértez trabaja de informático; Óscar Hernández, 35 años, guitarrista más heavy que el viento, es un currante de la construcción en paro; Raimón Trabas, 33 años, bajista, se considera trabajador en un "rollo-búscate-la-vida"; y Dani Garcés, 33 años, también es informático. Musicalmente extraen lo mejor de cada casa. Tiene la chulería de los Burning, la agresividad de Obús, el macarrismo del primer Ramoncín y el ritmo acelerado de La Banda Trapera del Río. "Madrid es un barrio de Vallecas", afirman. Y se despiden tomando unos "botijales" (botellines) y con el lema del barrio: "Orgullo y pasión".

Los integrantes del grupo Motociclón.
Los integrantes del grupo Motociclón.JOSÉ RAMÓN AGUIRRE

Sobre la firma

Carlos Marcos

Redactor de Cultura especializado en música. Empezó trabajando en Guía del Ocio de Madrid y El País de las Tentaciones. Redactor jefe de Rolling Stone y Revista 40, coordinó cinco años la web de la revista ICON. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Madrid.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Logo elpais

Ya no dispones de más artículos gratis este mes

Suscríbete para seguir leyendo

Descubre las promociones disponibles

Suscríbete

Ya tengo una suscripción